La Tierra está sorda: Entrevista a “el Drogas”, de Barricada

Francisco García Morales (CNT Cartagena) –

El pasado 19 de agosto, con motivo de uno de los conciertos que componen la gira La tierra está sorda, tuvimos la ocasión de entrevistarnos con Enrique Villarreal, el Drogas, bajista y una de las voces de la banda, para hablar sobre la Guerra Civil y la represión franquista.

La tierra está sorda es el título del último trabajo de BARRICADA. Un CD con dieciocho canciones y un libro de 184 páginas que giran en torno a una misma temática: la Guerra Civil y la represión franquista. Una parte de nuestra historia que algunos se empeñan, de manera interesada, en seguir ocultando. Porque aquellos que pueden silenciar y falsear el pasado son los mismos que construyen y controlan el presente. O al menos son los herederos de su propia farsa. Una farsa que tejieron durante más de cuarenta años y que ahora no piensan deshilar tan fácilmente. En este sentido, La tierra está sorda estampa un tremendo bofetón en la cara de estos terribles y esperpénticos guardianes del silencio, un grito en la oreja de los sordos y una patada en las entrañas de aquellos que son ignorantes por propia voluntad. Y eso, en estos tiempos que corren, ya es una buena noticia.

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Grabado en Iruña y mezclado y producido en Helsinki (Finlandia), La tierra está sorda es uno de los discos más trabajados de BARRICADA. El aspecto musical es impecable y las letras son el resultado de un esmerado trabajo de estudio e investigación desarrollado por el Drogas a lo largo de más de cuatro años. El conjunto tiene una profundidad y una emotividad difícilmente igualables, como si BARRICADA se hubiera metido de lleno en lo más oscuro de nuestra historia para sacar a la luz todo lo que otros han ocultado antes. El pasado 19 de Agosto, con motivo de uno de los conciertos que componen la gira de La tierra está sorda, tuvimos la ocasión de entrevistarnos con Enrique Villarreal, el Drogas, bajista de BARRICADA y una de las principales voces de la banda. Iruñatarra de 51 años, natural del barrio de la Txantrea; de voz grave, expresiva y contundente; actitud afable y cercana; sonrisa fácil y gestos claros. El Drogas se nos descubre como un grandísimo conversador con el que podemos hablar “a gusto”, como él mismo suele decir, acerca de la temática que envuelve a su último trabajo.

PREGUNTA. Desde la experiencia que te ha aportado el proceso de estudio e investigación previo a la composición de este disco, ¿cómo ves el tema de la memoria histórica en el momento actual? ¿Piensas que aún sigue existiendo demasiada indiferencia o se empieza a despertar el interés de la gente por saber lo que pasó?

RESPUESTA. En este tema, en este país, la estupidez y la ignorancia son el gran manto que lo envuelve todo. Lo de 1936 no sólo fue un Golpe de Estado, sino también un ataque directo contra la población civil. Antes de la guerra existía un gran nivel intelectual en este país. No se trata sólo de nombres conocidos en el mundo de la cultura, sino también de la capacidad de debate que había en la sociedad. Pero de repente nos encontramos con una guerra civil, cuarenta años de dictadura y una transición que da risa, por mucho que algunos nos la quieran vender como modélica. La masacre que supuso la llegada al poder de un gobierno franco-falangista-católico, y de sus herederos que vinieron después, ha conseguido anular gran parte de esa capacidad para el debate que tenía la sociedad de aquella época. Y ahora mismo aún nos queda mucho por recuperar de todo aquello.

PREGUNTA. La mayor parte del trabajo por la recuperación de la memoria histórica está siendo realizada por colectivos e individuos que dedican su tiempo a esta causa, pero desde las instituciones del Estado siguen existiendo muchas lagunas que no parece que nadie vaya a llenar…

RESPUESTA. Hay muy pocas ganas de hacer las cosas como debe ser. Aquí todos tienen algo que esconder. No sólo la derecha, sino también el PSOE o la UGT… En general, no interesa que se sepan ciertas cosas. Tanto el Estado como las organizaciones políticas que lo componen siguen ocultando una parte muy importante de nuestra historia. Y eso es una cosa que no sólo se está robando a los familiares directos de las víctimas, sino también a todo el país en general.

También hay muchas irregularidades en todo esto. En primer lugar, España es un país donde no puede haber restos humanos fuera de los cementerios. Eso es algo que la ley prohíbe. Empezando por ahí, tendría que ser la propia judicatura quien se emplease a fondo en buscar y abrir las fosas. El Estado tendría que ser el primero en apoyar a estos individuos y asociaciones que tanto le están facilitando el trabajo al investigar y señalar dónde están las fosas y dónde puede haber restos humanos.

Y no sólo está el tema de las exhumaciones. También sería interesante que la Iglesia abriera sus archivos para saber cuántas criaturas fueron secuestradas y cuántas propiedades cambiaron de manos de manera irregular. O para saber quiénes son los responsables de que tantísimas mujeres fueran arrojadas al destierro y la mendicidad después de haber asesinado a sus maridos. O qué empresas se enriquecieron con el trabajo esclavo de los presos republicanos. Todas estas cosas también hay que saberlas.

Hay que entender la sistematización que había detrás del Estado falangista. Todo esto no fue la gamberrada que nos han contado. No se trataba de una cuadrilla de gamberros del pueblo a los que un día les dio por ponerse una camisa azul y salir a la calle a hacer el cafre, que ya bastante carga de violencia tendría si hubiera sido así, sino que todo forma parte de un sistema represivo que se utiliza en todos los rincones del país. Había un proyecto muy bien calculado detrás de aquellas barbaridades.

Los mismos que luchaban en nombre de Dios violaban a las mujeres para deshumanizarlas. Les rapaban la cabeza para despojarlas de su feminidad. El aceite de ricino hacía que fueran bañadas en sus propios excrementos. Y todo eso era entendido como una purificación interior. Les robaban a los hijos porque decían que estaban enfermas y que podían contagiar su enfermedad, ser rojas, a las criaturas. Y, de paso, todo esto servía como advertencia para los vecinos que no comulgaban con esas ideas.

También es cierto que hubo muertes de derechistas y de curas. Y el número puede ser importante, lo que pasa es que nadie se ha preocupado tampoco en contar cuántos sindicalistas fueron asesinados; o cuántos zurdos, por ejemplo… Desde mi punto de vista, todos entran dentro de la misma sangría. En ambos bandos hay historias de paseos y asesinatos sin juicio previo, lo que pasa es que las organizaciones que forman parte del Frente Popular prohíben ese tipo de prácticas o, al menos, intentan controlarlas. Sin embargo, en el bando franquista, fascista y católico, esas mismas acciones son empujadas y llevadas adelante por los propios mandos militares. Y en la retaguardia tienen a la Falange ejerciendo la represión de una manera sistemática y ejemplarizante.

No es cuestión de que nos peguemos por las cifras, algo que tampoco tendría mucho sentido, pero está claro que la parte franquista asesina al triple de personas que la otra parte. Incluso el día 1 de Abril de 1939, después de haber ganado definitivamente la guerra, todavía se sigue asesinando. Y esta locura continuó hasta la muerte de Franco. Había una planificación clarísima para exterminar a todo tipo de disidencia. Aquella locura fue un auténtico genocidio…

PREGUNTA. Cuando se habla de la memoria histórica, siempre aparece un sector que se muestra tremendamente incómodo con el tema. Se trata de aquellos que defienden el silencio con la excusa de evitar reabrir “viejas heridas”, tal y como hace la Iglesia y toda la derecha en general, sólo por poner un ejemplo… ¿Piensas que merece la pena medir las palabras, ponerse ciertos límites a la hora de hablar y respetar algunos silencios para no incomodar a estos sectores? ¿O es mejor no cortarse con el tema, hablar a las claras y que después se lo tomen como ellos quieran?

RESPUESTA. El silencio sólo se respeta cuando sabes qué cosas estás callando. Es imposible que alguien respete algo que no conoce. Eso ya no es silencio, es ignorancia. Yo pasaré la página cuando me la dejen leer, pero no podré hacerlo mientras que las páginas que me están enseñando desde la versión oficial están en blanco.

A mí de la gente adherida al PP y a otros grupos similares no me extraña ese interés por el silencio. El abuelo de Aznar es el historiador oficial del franquismo. En Navarra tenemos a Jaime Ignacio del Burgo, que es el hijo de uno de los principales dirigentes del carlismo… Yo todo esto lo entiendo. No le voy a pedir a Aznar, por referirme a alguien en concreto, que entienda mi postura. Tampoco quiero que lo haga, eso no me interesa. Hay que pasar por encima de ellos en este aspecto. Ni Ussía ni Pío Moa nos van a decir nada que pueda interesarnos. Nunca nos aportarán nada. Donde todos son ciegos, ellos son tuertos. Todo es una copia de la misma copia, eso es lo que han hecho desde hace muchos años: decir siempre lo mismo.

Según ellos, ¿quiénes eran los rojos? “Pues no sé… aparecieron aquí en un platillo volante, los españoles nos liamos a tiros con ellos y al final los acabamos echando”.

Así es la historia que nos han contado…

Lo que tenemos que hacer nosotros es escribir nuestras propias páginas, nuestros propios libros. Y decir las cosas como realmente son, sin tapujos, con todas las letras que podamos agarrar y sin que nos importe nada la incomodidad de esta gente.

PREGUNTA. Durante la gira de este disco habéis dado algunas charlas, acompañadas por actuaciones en acústico, en diferentes institutos y centros de enseñanza. Que una banda de rock se dedique a ir por las escuelas hablando sobre historia es algo, como mínimo, curioso y poco habitual. Yo diría que habéis hecho algo sin precedentes en la historia del rock y la pedagogía. ¿Cómo ha sido esta experiencia para BARRICADA? ¿Habéis encontrado respuesta por parte de los alumnos o ha sido difícil llegar hasta ellos?

RESPUESTA. Pues ha sido una experiencia alucinante. Hemos ido allí donde los profesores y profesoras de Historia querían abordar las páginas del libro de una manera distinta a como están acostumbrados. Y nosotros hemos formado parte de esa alternativa.

A la hora de explicar los temas yo no hablo como un profesor. Tampoco puedo dar clases ni aportar demasiados datos concretos. Pero mi vocabulario es diferente al que los chavales y chavalas están acostumbrados a escuchar en clase todos los días, y sólo por eso ya les resultaba más ameno. Ellos se encontraban con un grupo de rock que llegaba allí con sus guitarras acústicas y unas pintas que no son las de un profesor. Y eso era precisamente lo que pensaban: “Bueno, pues éstos no son profesores. A ver qué nos dicen…” Y después te los veíais guardando silencio, interesados en el tema, centrados en lo que se hablaba. Y los aplausos finales te decían todo lo demás. Realmente ha sido una gozada y estamos muy agradecidos de haberlo podido disfrutar así.

Pero nuestra misión no es hacer docencia. Eso es cosa de los maestros y las maestras. Otra cosa es que se decidan a utilizar otros medios para llegar a los chavales, como la música en este caso, pero tienen que ser ellos quienes den el paso. Y no todos están dispuestos a hacerlo…

PREGUNTA. Cuando uno se involucra en una causa tan politizada como ésta, es inevitable que se encuentre con las simpatías y las antipatías de unos y otros. Vosotros os habéis metido de lleno en el tema, y creo que habéis sido muy valientes en este sentido…

RESPUESTA. Si hay algún punto de valentía en este trabajo, consiste en haber reconocido nuestra propia ignorancia.

Un día empiezo a leer sobre el tema y poco a poco me voy dando cuenta de que realmente no sé nada sobre todo esto. Hace cinco años me entero de lo que pasa en el penal que está en la cima del monte que hay detrás de mi casa, en mi propio barrio. Y entonces pienso: “Joder, ¿cómo es posible?”. A los cuarenta y seis años empiezo a darme cuenta de todo esto… Eso es una puta vergüenza, joder… Ahí es donde empezó todo el proceso, tanto en lo musical como en lo personal. Sólo entonces me di cuenta de que lo que hay que hacer es escuchar y abrir bien las orejas…

Sobre los amigos y los enemigos que te puedes ganar hablando de estos temas, pues siempre los hay. Y con la experiencia de los acústicos hemos vivido las dos versiones de lo que tú dices. Hemos estado muy a gusto en muchos sitios, pero en otros ni siquiera hemos podido estar por culpa del enfrentamiento que existía entre el profesorado. No hemos podido ir a algunos institutos porque un sector del profesorado nos ha tachado de proetarras. Y cuando no ha sido por eso, ha sido por lo otro. Yo qué sé… Siempre habrá excusa para quien no quiera escuchar lo que pasó. Es una pena, aunque también creo que es algo normal.

Después de la entrevista, BARRICADA subió al escenario para ofrecernos más de tres horas de un directo tan enérgico y arrollador como el de sus primeros conciertos. Como si el tiempo no pasara para ellos, interpretaron todos los temas de su último disco para después hacer un extenso recorrido por aquellos clásicos que han ido formando su propia historia. La coherencia se hizo sonido, luces y sensaciones, ofreciendo la muestra más clara de que el presente permanece incompleto cuando nos olvidamos del pasado. En el caso de BARRICADA, todo es uno. Espero que algún día nos apliquemos el cuento y todos seamos capaces de aprender esta sencilla lección.

Texto: Paco García Morales (CNT Cartagena)

Fotos entrevista: Rocío Alonso Alarcón (CNT Cartagena)

Fotos concierto: José Manuel Ureña

Fuente: Periódico CNT (nº 372, Noviembre’2010)

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