Los forenses desmienten a la Guardia Civil en el caso Portu y Sarasola

Varios artículos sobre el tema. – Sábado.30 de octubre de 2010 – 90 visitas



Los forenses desmienten a la Guardia Civil en el caso Portu y Sarasola

 

Gara

A esta noticia cabe añadir el ataque a sus familiares a la entrada de los juzgados de Donostia, e incluimos una entrevista a la abogada Amaia Izko.

El juicio contra los quince guardias civiles acusados de torturar a Mattin Sarasola e Igor Portu se ha reanudado en la mañana de ayer con la declaración del alcalde de Aramaio, Asier Agirre.

El primer edil ha descrito el lugar en el que se cree que fueron torturados los dos jóvenes, un paraje de Aramaio, y ha coincidido con la descripción realizada por éstos. Además, ha señalado que la zona estuvo acordonada durante dos o tres horas por la Guardia Civil. A lo largo del interrogatorio, tanto la defensa de los guardias civiles como el abogado del Estado han intentado confundir a Agirre, que ha declarado en euskara excepto en algunos momentos en que se ha dirigido en castellano al abogado del Estado al no “entender” éste sus explicaciones y registrarse problemas con los traductores.

Informes médicos

Al alcalde de Aramaio le han sucedido varios médicos forenses, en calidad de peritos.

Los primeros en declarar son los dos forenses del juzgado de Donostia que elaboraron losl informes médicos sobre Portu y Sarasola. Por medio de una presentación con “power point” y una exposición detallada, han mostrado las diferentes lesiones que presentaba Mattin Sarasola en su cuerpo, un total de 17. Según han explicado, el informe del forense de la Audiencia Nacional española recogía una herida más, detrás de la oreja, que ellos no vieron en Donostia cuando examinaron al lesakarra, por lo que se la habrían producido en el traslado a Madrid o allí.

Los forenses han afirmado sin duda alguna que el moratón que presentaba Sarasola en un ojo fue consecuencia de un puñetazo o golpe directo y han descartado que pudiera ser causado por una caída. Sobre el gran cardenal que tenía en la zona del pecho han dicho que se asemeja a la suela de una bota y han asegurado que ese moratón fue producto de un golpe o presión y no del roce con el suelo o de un tirón de brazo, ya que no tenía ninguna luxación.

“Las heridas no son compatibles con la versión de la Guardia Civil”, han afirmado.18 lesiones en el cuerpo de Portu

En cuanto a Igor Portu, los forenses constataron un total de 18 lesiones en su cuerpo. Uno de ellos advirtió de la gravedad de la herida que presentaba en el pecho y alertó de que su vida estaba en peligro. El especialista ha precisado que esta lesión era de “riesgo vital” para Portu si no hubiera recibido tratamiento médico urgente y ha añadido que la forense que le trató en aquel momento quedó “impresionada” por el estado en el que se encontraba.

Han señalado que el moratón que tenía en el ojo tuvo que ser consecuencia de un puñetazo o golpe directo, al igual que la mayoría de las otras heridas. Además, han explicado que las erosiones que tenía en la pierna no fueron consecuencia de una caída y que era más probable que fueran causadas por rozadura en un terreno montañoso. En este caso también han subrayado que las heridas de Portu no concuerdan con la versión ofrecida por la Guardia Civil.

Forenses que no vieron a Portu y Sarasola

La sesión ha continuado con otros dos médicos forenses propuestos por la defensa de los guardias civiles, que no vieron a Portu y Sarasola. En su testimonio han incurrido en numerosas contradicciones. Han defendido la tesis de los guardias de que las lesiones de los lesakarras se produjeron durante su detención, pero al mismo tiempo han admitido que la hipótesis de los malos tratos también “está ahí”.

En la sesión de ayer, Igor Portu y Mattin Sarasola negaron que las detenciones fueran violentas y que intentaran escapar, lo que fue corroborado por un testigo posteriormente. Los lesakarras coincidieron en relatar que el infierno se desató ya desde el momento en que los montaron en el coche policial, esposados con las manos a la espalda.

“Peritar, no perorar”

La actitud de “extrema soberbia” mostrada por uno de los peritos policiales en sus manifestaciones le ha costado una amonestación del juez, quien le ha recordado que “su trabajo es peritar, no perorar”. El juicio continuará mañana y, en función de la evolución de la sesión, finalizará o seguirá el viernes.


El juicio contra los 15 guardias civiles se reanudó ayer con el testimonio de Igor Portu y en un ambiente extremadamente tenso. Media hora antes de que abriera las puertas el tribunal (una hora antes del juicio), había ya policías de paisano suficientes para copar los 78 asientos libres de la sala.

 

La entrada se produjo a trompicones, entre codazos, tocamientos e insultos. Al final, la Audiencia se llenó con guardias civiles y sólo un puñado de familiares. Durante el juicio, los primeros se comportaron con soberbia: murmullos, risas, etc. El juez realizó advertencias y amenazó con expulsar a todos.

En su declaración, Igor Portu contó cómo lo llevaron entre insultos hasta un río «que cubriría hasta la rodilla», que allí fueron los golpes más fuertes y siempre mientras le preguntaban y le requerían información. «¿Quién te reclutó? ¿Quién más está en el talde?…». Maltrato e interrogatorio iban unidos.

En su testimonio, al igual que en el posterior de Sarasola, el infierno se desata ya desde el momento en que los montan en el coche policial, esposados con las manos a la espalda. «Me acuerdo del copiloto. Se volvía y me golpeaba sobre todo en la cara y en la cabeza con la mano y con el puño». Los «cachetes», los golpes, los insultos («Putari de mierda. Los jefes están muy bien en Francia, vosotros sois unos pringados») y las preguntas fueron constantes.

Ese primer viaje en coche duraría poco. Pararon en una pista forestal. Primero llegó Sarasola. «Al bajar me ponen una pipa en la sien. Me dicen que me van a matar, que me van a matar como a Zabalza», declaró ante el juez Iñaki Subijana el joven lesakarra. Sarasola no precisó con exactitud cuánto tiempo pudieron durar las torturas desde que abandonaran el camino y bajaran por una cuesta hasta una especie de pinar.

El testimonio de Sarasola coincide con el de su vecino: «Vi cómo le subían y me bajaron por el mismo sitio». A Portu le llevaron hasta un pequeño río. Según su testimonio, le sumergieron la cabeza en el agua entre tres o cuatro veces. «Me preguntaron si tenía buena apnea. Me cogieron por los tobillos, me levantaron las piernas y otro me hundía la cabeza», señaló Portu, que aseguró que cayó al suelo y recibió «patadas por todo el cuerpo».

Del monte se los llevaron a Intxaurrondo. «Bueno, eso es lo que dijeron. Yo no veía nada», apuntó Sarasola. En cualquier caso, las declaraciones sobre lo ocurrido en dependencias policiales también resulta coincidente en ambos relatos. Los dos dicen haber sido introducidos en un calabozo, haber pasado a manos de agentes de paisano y que les taparon la cabeza. Sarasola aseguró que lo cubrieron con una manta y que lo golpearon durante horas. «Se marchaban para luego volver y seguir dándome», afirmó.

A diferencia de Portu, Sarasola no se atrevió a relatar estos hechos al forense. Aseguró que le habían amenazado con ir a por su hermano, que era el dueño de la furgoneta con la que se había trasladado a Arrasate. Su denuncia por torturas no llegaría hasta que estuvo frente al juez de la Audiencia Nacional, cuando supo que no volvería «con los mismos agentes».

Los dos jóvenes de Lesaka fueron atendidos por el forense del Juzgado de Guardia de Donostia y ahí sus caminos se separaron. Portu acabaría en la UCI del hospital con tres costillas rotas. Su compañero sería traslado a Madrid. Sarasola detalló más episodios de tortura durante el viaje y en las dependencias policiales madrileñas.

El detalle con el que los dos jóvenes expusieron los maltratos empujó a los abogados defensores a buscar contradicciones. «Usted no mencionó en anteriores declaraciones que le habían agarrado por los testículos», inquirió Carlos Aguilar. «En una declaración salen muchas cosas interesantes, no todas. Eso ocurrió», zanjó Portu. Aguilar y José Antonio Choclán ejercieron la defensa con brillantez. El primero trató de hallar fisuras en el relato temporal, pero ni Portu ni Sarasola pudieron responder con exactitud. Choclán, por su parte, trató de probar que Portu conocía la ubicación del río anteriormente, pero el testigo aseguró que sabía de la localización del paquete con las pistolas a través de un croquis. Sarasola dijo no haber visto ni siquiera el croquis. Esperó a su compañero al pie de la carretera.

Presión para los testigos

Tras los testimonios de los dos militantes, llegó el turno de los testigos convocados por la acusación. La defensa tuvo que cargar con toda su artillería para tratar de desarmar la estrategia ideada por la abogada de Portu y Sarasola. En primer lugar, mediante el intimidatorio ambiente de la sala. Cada desliz de los testigos recibió un apoyo por parte de las decenas de agentes, incluidos altos mandos, que dominaron la sala de audiencias desde el primer día. «Han traído al más tonto», se susurraban unos a otros, mientras exponía su testimonio el único testigo presencial de la detención, Isidro Ropero, cuyo nerviosismo aumentaba a ojos vista.

Choclán y Aguilar se mostraron con él implacables, amenazadores. Retorcían las preguntas para tratar de confundirlo y Ropero lo acusó. Sin embargo, permaneció firme a su testimonio inicial. Los abogados de la defensa le presionaron para que confesara que sabía de lo del paquete envuelto en celofán, lo leyó en GARA. Pero él no llegó a desdecirse. A través de este periódico, Ropero supo que el paquete contenía unas pistolas. Él, en un primer momento, pensó que se trataba de hachís. Pese a todo, su testimonio incurrió en algunas contradicciones, que Aguilar y Choclán aprovecharon para presionar al presidente de la Audiencia Provincial, instándole públicamente para que iniciara un procedimiento contra él por falso testimonio a fin de desacreditar por completo al único testigo visual de la detención de los de Lesaka.

El intenso ambiente de la sala también caló en Pakita Etxegoien. Esta ATS atendió a Portu en el hospital. Al recoger la ropa del detenido, encontró sus calcetines extremadamente húmeos, lo que le llamó poderosamente la atención. Preguntó, entonces, a Portu el motivo por el cuál estaban tan mojados. Él contestó: «Errekan sartu naute». «¿Por que dirigió a él en euskara?», preguntaron los defensores. «Es mi lengua», respondió Etxegoien. Los agentes de entre el público rieron, lo que aumentó la indignación del juez. La defensa insinuó que su declaración estaba pactada.

Un informe como anillo al dedo

La vista de ayer se completó con el testimonio de dos expertos del Servicio de Información de la Guardia Civil que elaboraron en 2010 un informe sobre la estrategia de ETA para «denunciar torturas falsas». La tesis defendida por los dos agentes era tan maximalista que el fiscal jefe de Gipuzkoa, Jaime Goyena, cargó contra ellos. «Si tan conocida es esta estrategia de ETA, ¿no sería lógico que se les hubiera incomunicado desde el primer momento?», expuso sobre la mesa Goyena. Los agentes hubieron de reconocer que sí.

El informe no pasó el escrutinio de la abogada de Portu y Sarasola. Los dos expertos reconocieron que sabían que había procedimientos abiertos contra compañeros suyos cuando realizaron su dossier y que éste podría servir para exculparles. Hacen referencia incluso a este caso. El informe se sustenta en manuales «para denunciar siempre». «¿Pone en el manual que se encontró en casa de Mikel San Sebastián que se denuncie en España y no en Francia?» interrogó Amaia Izko. Dijeron no saberlo. En realidad, esos documentos en concreto sostienen que hay que colocar a todas las policías «en el mismo» saco, sean francesas, españolas o vascas. La pregunta dolió. Replicaron desafiantes: «Parte de la documentación se la hemos encontrado a compañeros suyos que ahora están en la cárcel». Los agentes del público estallaron en carcajadas, pero parece que no gustó nada al juez.

Denuncia ante el juzgado por el comportamiento de los agentes Los asientos destinados al público en la sala de vistas los ocuparon los agentes de paisano desplazados expresamente a la Audiencia, que previamente trataron de impedir el acceso a los familiares, bloqueando la puerta. Se produjeron codazos y empujones. Una mujer de Bera, de 73 años, acabó en el suelo. Etxerat denunció en un comunicado que se habían producido «golpes, insultos y tocamientos sexuales». Además, aseguraron que no todos los guardias pasaron por el detector y que algunos de ellos se encontraban armados. La mujer que cayó al suelo y compañeras suyas remitieron una queja por escrito al juzgado y acusaron «de pasividad» a los ertzainas que se encontraban en el edificio. Por otra parte, Etxerat informó que no se permitió a los familiares de Portu y Sarasola comunicarse con ellos.


Familiares de Portu y Sarasola han sido atacados en la entrada del Juzgado Provincial de Donostia

 

Desde Etxerat queremos denunciar los golpes, tocamientos sexuales e insultos que han tenido que sufrir los familiares de Mattin Sarasola e Igor Portu.

Desde la asociación Etxerat queremos denunciar los golpes, tocamientos sexuales e insultos que han tenido que sufrir los familiares de Mattin Sarasola e Igor Portu.

Queremos dar a conocer y denunciar, que los dos presos políticos no han podido comunicarse en ningún momento con sus familiares durante los traslados para el juicio.

En el juicio que se está llevando acabo en el Juzgado Provincial de Donostia por las denuncias de tortura de los presos políticos Mattin Sarasola e Igor Portu, los familiares de los dos presos políticos han sido atacados antes de comenzar la vista de hoy. Decenas de agentes de la guardia civil se han personado en la sala, los cuales no han pasado por el detector de metales (los cuales son obligatorios para todas las personas). Estos se han concentrado en la entrada de la sala, y al entrar en ella los familiares de Portu y Sarasola, han arremetido contra ellos mediante insultos, golpes y tocamientos sexuales. A consecuencia del ataque, han arrojado al suelo a una mujer de edad.

Una vez más, se ha hecho eco del grado de impunidad que padecen los ataques contra los derechos de los presos y presas y sus allegados. La política penitenciaria diseñada en contra de nuestros familiares encarcelados en ejemplo de ello. Los familiares y allegados llevamos padeciendo ataques en los viajes que realizamos para poder realizar las visitas: más de una vez nos han apedreado los autobuses, nos han arrojado pintura, pinchado las ruedas, robos sospechosos y hemos visto a gente encapuchada alrededor de nuestros vehículos. Hemos padecido retenciones e identificaciones en los controles en la carretera expresamente diseñados para los familiares y allegados.

Los acosos contra los familiares y allegados también se están dando dentro de las prisiones. Los cacheos estrictos, castigos sin visitas y las humillaciones han ido en aumento.

Ante esta situación, hacemos llamamiento a la sociedad vasca a que denuncie y ejerza presión para que esta situación termine de una vez por todas. Que los compromisos adoptados por los agentes sociales, sindicales y políticos sean concretos y realizables. Por último, hacemos llamamiento a dar pasos efectivos para neutralizar los campos de impunidad.

Exterat


“Este juicio debe ser un impulso para que la incomunicación desaparezca”

 

Amaia Izko, abogada de los presos políticos Igor Portu y Mattin Sarasola, analiza en esta entrevista el juicio contra 15 guardias civiles acusado de torturas.

La expectación creada ante este juicio no es artificial. Quizás sea una de la ocasiones en las que más guardias civiles se han tenido que sentar en el banquillo de los acusados por un delito de torturas. Sí, desde luego durante los últimos años sí. Lo cierto es que obtener cualquier prueba de tortura en el tiempo de la incomunicación es difícil. La incomunicación crea un muro de blindaje sobre lo que ocurre durante la detención, sobre el trato que se infringe al detenido, que hace muy difícil obtener cualquier prueba. De hecho para eso se incomunica. En este caso lo que ocurre es que las lesiones son de una gravedad que es el Juzgado de Guardia de Donostia quien interviene e incide desde el principio en ese periodo de incomunicación, por la gravedad de las lesiones y por la inevitable intervención del médico forense que ordena el traslado al hospital de Igor Portu. Eso hace que el juez de guardia actúe y eso es fundamental para llegar al punto en el que nos encontramos.

Pese a las evidencias de que Portu y Sarasola fueron torturados, los guardias civiles negaron los hechos.

Lo que hacen es negar la acusación. Lo han hecho durante toda la instrucción y lo hacen ahora. Tienen derecho a defenderse.

Hoy ha sido el turno de Igor y de Mattin. ¿Se han reafirmado en lo denunciado en un principio?

Si, si. Se han reafirmado en sus declaraciones y además añaden detalles. Ocurrieron tantas cosas, con tantos detalles, que claro, van saliendo cosas nuevas conforme se va reflexionando, se va interrogando… han ampliado incluso la denuncia de torturas que hicieron en sus primeras declaraciones.

¿Cuál es el ambiente que se ha vivido en la sala?

No ha habido ninguna expresión destacable por parte del tribunal. Cuando se habla de impasibilidad de los jueces habría que situarla en el juez central de instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, que permanece impasible durante 5 días sabiendo que hay una persona en el hospital con pronóstico grave como consecuencia de la detención y que ha denunciado torturas, y que hay otra persona detenida, que también presenta lesiones y que él las conoce, y no solo permite la continuación de la detención, sino que ni siquiera acude a controlar y comprobar a ver si se están respetando sus derechos. Además aumenta a cinco días la incomunicación. Eso es impasibilidad y un poco más.

Martxelo Otamendi, director de Egunkaria, decía en una charla sobre la tortura que “los detenidos son los detenidos del juez”. Es el juez el que tiene que velar por los derechos de los detenidos…

En este caso Grande Marlaska, cuando le ponen delante a Mattin Sarasola y escucha su testimonio y comprueba que coincide con el Igor Portu, es cuando remite el testimonio. Pero durante el resto del tiempo, poniéndosele sobre la mesa indicios de que se están produciendo torturas, no hace nada. Y es el juez instructor el que tiene que garantizar los derechos de los detenidos. Esa posición de falta de celo y control judicial, en la sentencia de Egunkaria lo pone en evidencia el presidente de la Sala del Juzgado de lo Penal de la Audiencia Nacional, que critica la labor del juez instructor. Yo creo que esa falta de celo y control es extensible a todos los jueces de la Audiencia Nacional. No se puede olvidar que la familia de Mattin Sarasola, viendo el estado de Igor Portu, le pidió al juez que interviniera solicitándole el habeas corpus. Por lo tanto es el juez el que permitió que se siguieran produciendo malos tratos.

¿Cuales crees que son las principales evidencias que desmontan la versión ofrecida por el Ministerio de Interior y la Guardia Civil, que afirman que las lesiones se produjeron durante el arresto?

Creo que hay cuestiones que son claras: el testigo de la detención que afirma que no hay violencia ni forcejeo durante el arresto. La propia coherencia en las declaraciones de Portu y Sarasola, que dicen que no hay forcejeos. Y luego los informes médicos, que comparan estos informes con las declaraciones los detenidos y determinan que estas lesiones no son compatibles con las de un supuesto forcejeo, sino con lo que declaran los detenidos. Lógicamente la defensa de los guardias civiles presenta unos médicos que dicen lo contrario, y eso tendrá que dilucidar la sala.

El fiscal, lejos de acusar de forma tan contundente como lo habéis hechos vosotras, ha puesto encima de la mesa que los guardias civiles actuaron movidos por un sentimiento de venganza y cita textualmente que estaban afectados por el atentado mortal contra dos guardias civiles en Capbreton un mes antes. ¿Ha continuado por esa línea argumentativa? ¿Se ha podido demostrar algo parecido?

Esa es una de las cosas más gratuitas que se han puesto encima de la mesa en este juicio. Los guardias civiles han dicho que no torturaron a los detenidos, por lo tanto ni más apesadumbrados ni menos apesadumbrados. No hay nada que apoye esa tesis del fiscal. Ni siquiera les ha preguntado por esa cuestión. Es que no tiene ninguna base. El fiscal mantiene la acusación, lo cual es positivo, pero hay que tener en cuenta que su postura es un poco forzada, lo cual es lógico, porque es el propio Ministerio de Interior el que salió en defensa de los guardias civiles haciendo de su versión la versión oficial de los hechos negando las torturas de raíz. Antes de empezar el juicio el Ministerio de Interior muestra su apoyo total a los guardias civiles. La fiscalía, que depende del gobierno mantiene una acusación, lo cual muestra un nivel de contradicción. Yo creo que en esa posición un poco complicada se está moviendo el fiscal. Y ante la obligación de tener que acusar basándose en esos informes forenses, mantiene lo justo. No trata de restar responsabilidad, pero si intenta justificar lo que es injustificable, el majavascript:barre_raccourci(’’,’’,document.formulaire.texte)ltrato a los detenidos.

¿Crees que este juicio va a suponer un hito en la lucha contra la tortura?

Yo lo que quisiera es que sirviera junto a otros muchos elementos como un paso para que desaparezca la incomunicación que posibilita, ampara y garantiza desaparezca. Si sirve para ello habrá sido sin duda un hito.

Apurtu.org


PRESUNTO MALTRATO A LOS ETARRAS

 

La defensa abre una vía para la absolución de los guardias civiles a pesar de las torturas

Sostiene en el último día de juicio que no puede haber condenas porque no se ha probado quiénes de los quince agentes lesionaron a Portu y Sarasola.

ANTONIO SANTOS BILBAO.

«Para condenar a alguien hay que concretar responsabilidades, qué ha hecho cada uno». La frase corresponde a José Antonio Choclán, uno de los dos abogados defensores de los 15 guardias civiles acusados de presuntas torturas a Igor Portu y Mattin Sarasola durante su detención en Mondragón y custodia en el cuartel de Intxaurrondo. «No hay un asidero objetivo para determinar cuándo, cómo y por quién» se produjeron las heridas, añadió. El alegato abre una vía a la posible absolución a pesar de que se consideren probados los malos tratos. El argumento parte de un axioma jurídico: para condenar a alguien hay que demostrar «más allá de la duda razonable» que cometió el delito. Y en el juicio que ayer quedó visto para sentencia en la Audiencia de Guipúzcoa -se espera el fallo antes de fin de año-, la defensa entiende que no se han avalado con «datos concretos» las sospechas. Los letrados de los guardias trataron de desmontar las acusaciones después de que el demoledor informe de los forenses del Instituto Vasco de Medicina Legal les dejara el miércoles poco margen de maniobra. Los facultativos de este órgano, dependiente del Gobierno vasco, sostienen que «las lesiones más graves» sufridas por ambos etarras, autores del atentado de la T-4, obedecen a «patadas», «puñetazos» o «impactos contundentes».

Cuando todo parecía dar por segura la condena para los miembros del instituto armado, Choclán, que también representa a uno de los testaferros de José Antonio Roca en la ’Operación Malaya’, se sacó un as de la manga que da cierta esperanza a sus defendidos. El letrado sostuvo que la acusación se basa en «meras especulaciones» y acusó al fiscal de incurrir en «contradicciones evidentes». Y recalcó que durante la vista oral no se ha especificado qué agentes habían propinado «con exactitud» las presuntas palizas denunciadas. En este sentido, atacó uno de los puntos débiles de las conclusiones expuestas por el Ministerio Público: el fiscal-jefe, Jaime Goyena, cree a pies juntillas el relato de los dos terroristas sobre su arresto para llegar a la conclusión de que hubo maltrato, pero se basa en la versión de los guardias civiles -que Goyena tildó ayer de «falsa»- para establecer el grado de pena para cada agente. Reclama para el sargento responsable del operativo y para un cabo tres años de prisión y dos años para otro cabo y un guardia. A otros seis miembros del instituto armado -dos tenientes, dos cabos y dos guardias- les exige una pena de diez días de localización permanente.

Informes oficiales inventados

Choclán entiende que no se pueden imputar los delitos más graves a unos agentes y no a otros si prevalece la versión de Portu y Sarasola. Sobre todo, cuando los etarras no han señalado de manera concreta a ninguno de los guardias como autores de los hechos, sino que su acusación ha sido generalizada a todos los que participaron en el operativo.

La defensa incidió en que tampoco se ha probado si los traumatismos se produjeron en un bosque, como dicen los terroristas, o en los calabozos de Intxaurrondo -donde habrían participado otros agentes-. Por su parte, el fiscal mantuvo la solicitud de penas por delitos de torturas y lesiones o por una falta de lesiones, además de por no haber evitado los abusos. La acusación particular añade a esta petición otros cinco agentes. Goyena denunció, asimismo, que la Guardia Civil inventó algunos atestados para cubrir las espaldas a los agentes.

Así, aseguró que en el primer informe, redactado a las 15.30 horas del 6 de enero de 2008, poco después del arresto, no se aludió al «intento de fuga ni a la resistencia» de los etarras. Unos detalles que sí aparecen en el siguiente informe, una vez de que, según el Ministerio Público, los mandos de la Guardia Civil son conscientes de que ha habido malos tratos.

El Correo

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