¡Qué mal suena eso de prohibir!

Los liberales utilizan la "libertad" cuando les
conviene, pero la ignoran y son los fascistas más represivos cuando sus
intereses están en juego.
Javier Adler |
Para Kaos en la Red |
2-8-2010 a las 21:32 | 272 lecturas




Toro libre

¡Prohibido! Suena mal, ¿no? Es algo que va en
contra de la libertad, efectivamente. Antes podíamos hacer eso, lo que
fuera, y cuando se prohíbe ya no podemos hacerlo. ¿Quién está a favor de
eso? Nadie, por eso vivimos en una sociedad donde nada se prohíbe,
donde todo el mundo tiene libertad para hacer lo que quiera. Pero … un
momento … ahora que lo pienso hay algunas cosas que sí se prohíben.
Hmmmm

Lo primero que me ha venido a la cabeza,
no sé por qué, es lo de los 120 kilómetros por hora. En España está
prohibido ir a más de 120 km/h. Por alguna razón no me parece mal, ¿será
que estoy contra la libertad? No, imposible, yo soy una excelente
persona. Tiene que haber otro motivo, a ver, …, ¡ya lo tengo! No se
puede tan rápido porque es peligroso, porque es malo. Así que se pueden
prohibir las cosas malas. Si prohíbes lo malo, no vas contra la
libertad.

De pronto invaden mi cabeza un montón
de prohibiciones, todas ellas de cosas malas, por supuesto. Por ejemplo,
no puedes entrar en la casa de alguien y llevarte su Wii. La propiedad
privada es buena, por lo que su profanación es mala. De ahí se deduce
que la prohibición de profanar la propiedad privada es algo bueno. Nos
gusta esa prohibición, ¡prohibido tocar las propiedades privadas!

Hablando
de propiedades privadas, ¿qué pasa cuando una persona trabaja dentro de
la propiedad privada de otras personas? Tomemos, por ejemplo, el
frecuente caso de un periodista que trabaja para cierto periódico que es
propiedad de un enorme grupo empresarial. ¿Qué pasa con la libertad de
ese periodista, de ese trabajador, de esa persona? Pues que no tiene
libertad, eso es lo que pasa, porque tiene prohibido ir contra la línea
editorial de ese periódico. Así que dentro de las propiedades privadas
sí se puede prohibir, y de forma casi arbitraria. Es un derecho que
tienen, en virtud de su libertad.

Es curioso
cómo a menudo las prohibiciones pueden interpretarse también como
derechos. Mucha gente se muere literalmente de hambre porque no pueden
comprar comida. Van al comercio de turno, una propiedad privada, y no
pueden comprar comida, porque el empresario de turno les dice que para
llevarse la comida deben pagar una cantidad de dinero que no tienen. Ese
empresario, apelando a su derecho de poner el precio que le dé la gana,
que otros sí podrán pagar, les prohíbe llevarse la comida para
sobrevivir. Es una de las curiosidades del capitalismo, ese modelo
económico basado en la libertad.

Realmente hay
muchas prohibiciones en este mundo. Para mucha gente está prohibido
viajar, y no me refiero a Cuba precisamente. Tienen prohibido viajar
porque no tienen el dinero necesario para ello. Otros tienen prohibido
tener electricidad, o agua corriente. A mucha gente se le prohíbe
simplemente vivir, ya sea porque no pueden comer suficientemente o
porque no tienen acceso a cuidados médicos o porque nacen en el país
equivocado, como Irak, Afganistán o el Congo.

A
veces conocemos casos de gente que nace miserablemente pobre y en el
país equivocado, pero salen adelante. Gente con talento y suerte, se
acaban ganando la vida, acceden a la electricidad, la medicina, incluso a
la educación, y viajan a otros países. Algunos incluso salen adelante
en su nuevo país y viven dignamente. Hay gente así, y son excelentes
ejemplos para los defensores de la libertad. ¡Mirad cómo es posible
salir de la miseria!, nos dicen.

Por desgracia,
son ejemplos aislados que no pueden ocultar una terrible realidad
estadística: la inmensa mayoría no pueden salir de la miseria, lo tienen
prohibido por nuestro sistema político-económico. Algunos dirán que
esto no es así, que la miseria se debe a la corrupción, a la gente mala
que utiliza mal la libertad. Pues sí, pero nosotros, los ricos, los
buenos, apoyamos a mucha de esa gente mala, a muchos de esos corruptos.
Les reconocemos diplomáticamente, sonreímos cuando les vemos y les
invitamos a un banquete, les vendemos armas, etc. Nuestros políticos
liberales, los que libremente elegimos nosotros para representarnos,
utilizan todo un arsenal de libertades y derechos para apoyar a gente
que prohíbe vivir a millones de personas. En realidad, la molesta
evidencia histórica nos muestra no pocos ejemplos de cómo, cuando surge
un gobernante preocupado por el bienestar de su pueblo, le prohibimos
gobernar o vivir.

Volvamos ahora a los toros,
dejando a un lado el oportunismo nacionalista. Cuando estamos a favor de
prohibir las corridas, ¿no estamos reconociendo a los toros un derecho,
como el de no ser torturado para divertir a los humanos? ¿no defendemos
ciertas libertades de los animales? El tema es importante, porque los
derechos humanos a veces no van más lejos de los taurinos, ¿o es que
hemos reconocido ya el derecho absoluto de las personas a no ser
torturadas? ¿alguien vota en contra de prohibir la tortura “porque cree
en la libertad”? Me temo que sí.

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