La furia española

Una ola de nacionalismo ramplón invade las
calles –

Martes.20 de julio de 2010 –
14 visitas

Tomado de La Haine

Marcos Roitman Rosenmann

La furia se transformó en una cruzada
santa contra el comunismo internacional y sus sempiternos aliados, la
masonería y los judíos

El franquismo creó un relato mítico del
cual se valió para justificar el alzamiento contra la Segunda República.
Los españoles, se dirá, están imbuidos de una sustancia que les hace
inmunes al desaliento. Las grandes gestas de su historia sólo se pueden
explicar recurriendo a dicho relato. Por consiguiente, el comienzo de la
reconquista por don Pelayo, en el año 718, tendrá continuidad en la
figura de don Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como Cid Campeador, cuyo
triunfo en Valencia (1094) lo convierte en gran señor de la lucha contra
los moros. De su persona se extrae un compendio de virtudes, las cuales
pasarán a formar parte de la historia explicada a los niños durante la
dictadura. Fuerte, leal, justo y valiente, prudente y templado, guerrero
y culto. Así, el mito cobra fuerza.

Más tarde, la reconquista, tras ocho
siglos, llega a su fin con el triunfo de los reyes católicos al tomar
Granada, último fortín musulmán. Desde ese momento, España, como Estado,
tiene una misión que cumplir y los españoles una razón para vivir. La
conquista de América le dará esa necesaria cuota de mesianismo. La
espada y la cruz. Es el destino que alumbra el nacimiento de una
identidad suprahistórica. El propio Francisco Franco se encargará de
reforzar el mito de la furia. Bajo el seudónimo de Jaime de Andrade,
escribe un guión adaptado para el cine, donde se refleja el espíritu
valiente, abnegado que identifica al español de virtudes católicas. Su
título es expresivo: Raza.

Los esfuerzos no caerían en tierra
baldía. La furia se transformó en una cruzada santa contra el comunismo
internacional y sus sempiternos aliados, la masonería y los judíos. El
destino obligaba a realizar otra gesta. Evitar la ruptura de España.
Tras el fin de la guerra civil, Franco se convirtió en caudillo de
España por la gracia de Dios. El golpe de Estado de 1936 se puso al
mismo nivel que las acciones emprendidas por Pelayo, el Cid y los reyes
católicos. Franco era la unidad de destino en lo universal de la raza
española. Tenía poderes sobrenaturales. España podía sentirse orgullosa y
segura. Ni las condenas internacionales, ni el aislamiento, eran
obstáculos para mantener el camino de muerte y represión trazado por el
régimen fascista. Como dirían sus acólitos: "después de los reyes
católicos, Francisco Franco. Bajo su égida, los españoles retomaron la
senda de la espiritualidad". España se convertía en una grande y libre.
No existían medias tintas.

Esta interpretación grotesca pero
efectiva, encontró un campo abonado para crecer en las lides deportivas.
Los triunfos de los atletas españoles en la esfera internacional caerán
bajo el paraguas del tesón, la raza y la furia española. El ejemplo más
claro de esta manipulación lo encarna Federico Bahamontes, conocido con
el mote del Águila de Toledo. En 1959 se convirtió en el primer español
capaz de ganar la carrera ciclista, por etapas, más dura y completa del
circuito, el Tour de Francia. A su regreso, fue recibido por el
caudillo y las calles de Madrid y todo el país se llenaron de gente para
festejar el triunfo de la raza y la furia española sintetizadas en
Bahamontes. Sin embargo, en los 40 años de dictadura, hubo pocas
alegrías.

Los atletas españoles participantes en
las olimpiadas o en los campeonatos del mundo de futbol, baloncesto,
etcétera, se teñían de frustración. Para explicar las derrotas se
comenzó a urdir un argumento cuyo eje era el fatalismo y la mala suerte.
La furia seguía actuando, pero los elementos jugaban en contra. Siempre
había una justificación y se encontraba en factores aleatorios. A falta
de triunfos de las selecciones y atletas que representaban a España, se
buscó un sustituto. Los clubes de futbol ocuparon el lugar. El Real
Madrid se convirtió en la marca España. Sus triunfos en Europa fueron un
buen sucedáneo.

Así, la furia se rencarnó en las seis
copas de Europa ganadas durante la llamada generación ye-ye de los años
60. Igualmente, sus éxitos serían vitoreados en las calles y sus
futbolistas y dirigentes recibidos por el caudillo. No fueron los
únicos. En deportes individuales, también emergieron figuras esporádicas
capaces de ser la viva encarnación de la raza y la furia. Las
excepciones también existen. Paquito Fernández Ochoa en esquí, Orantes y
Santana en tenis, y Angel Nieto en motociclismo. El mito se nutría de
cualquier expresión existente en la estructura social. El orden de la
vida social sea el religioso, económico, político, familiar o militar.
En la canción, el arte, la pintura, el cine. Los triunfos se vivían como
parte de la furia y la raza española. Como es natural, comunistas y
opositores al régimen fascista serían despojados de tan dignos
atributos, pasando a ser enemigos de la patria.

Hoy, este concepto bastardo de la furia
española, aparentemente dormido, se alza para explicar el triunfo de la
selección de futbol en el mundial de Sudáfrica. Es el factótum que une.
El presidente de gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es el primero
en recuperarlo para explicar el éxito: "la furia se ha transformado en
una entrega apasionada e inteligente que acompaña un estilo hermoso.
Esta selección nos muestra bastante de lo que debe ser nuestro país…
Un colectivo sin complejos dispuestos a superar y a dejar atrás, y casi
en el olvido, los fatalismo del pasado". Pero, Mariano Rajoy, presidente
del Partido Popular, no se queda atrás: "Han demostrado que la furia
española es mucho más eficaz cuando va acompañada por la paciencia, la
perseverancia y el control".

Con estas declaraciones, una ola de
nacionalismo ramplón invade las calles. El mito de la furia española
goza de buena salud y se reacomoda en la España monárquica y
constitucional. Los ideólogos del franquismo pueden estar satisfechos,
más allá de sus iniciales connotaciones fascistas, el mundo comparte la
caracterización propuesta por el nacionalcatolicismo, los españoles se
caracterizan por su raza y la furia contenida en ella. El fascismo gana
una batalla más en la guerra por la palabra.

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2 respostes a La furia española

  1. Isard ha dit:

    Es que España no ha dejado de ser franquista desde hace 74 años. Al principio de la Transición, se escondieron y disimularon, porque temían las purgas políticas. Pero a lo largo de los años se han vuelto a envalentonar y ahora pasean desacomplejadamente su fascismo y su nacionalismo hegemónico y totalitario. Además, la gente, el pueblo llano, no se “recicló” ni fue reciclado y por ello siguió manteniendo en lo más profundo de sus genes el pósito inculcado

  2. Isard ha dit:

    por el régimen dictatorial. Sin saberlo, una gran parte de ese pueblo sigue siendo fascistaEn cuanto a la furia, tan asociada a la “raza”, es un concepto primitivo, propio de mentes poco o nada evolucionadas que divinizan la testosterona. Pero con eso juegan los jerarcas franquistas (los de antes y los de ahora), juegan a mantener al pueblo ignorante y engañado. Porque así siempre es fácil manipularlo.Una abraçada

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