En el 200 aniversario de la Constitución Española 1812

Escrit per Ateneu
Llibertari l’Escletxa
– a 10 Juliol 2010

Denunciar el régimen de
dictadura política constitucional, partitocrática y parlamentaria
.

En 2012 se cumplirán 200 años de la imposición del orden político
vigente, una afrentosa tiranía ejercida por un bloque interconectado de
grupos de dominación extremadamente elitistas, que toman todas las
decisiones.

Quienes gobiernan con reduplicada fuerza, desde entonces, son los
poderes militar, político, judicial, funcionarial, académico e
intelectual, tecnocrático y económico, no el pueblo. Lejos de ser el
triunfo de la libertad y los derechos del hombre, como exponen los
embusteros manuales escolares, la promulgación de la Constitución
Política de la Monarquía Española por las cortes de Cádiz el 19-3-1812,
significó un desarrollo vertiginoso del ente estatal, sobre todo de los
aparatos militar, policial, económico-fiscal y de aleccionamiento, con
la correspondiente disminución de las libertades populares. De ello
surgió la dictadura perfecta (que, además, se perfecciona día a día) que
ahora padecemos.

El constitucionalismo liberal y parlamentarista ocasionó un declive
dramático de la capacidad de autogobernarse y vivir autónomamente de las
clases populares. Éstas padecieron una represión militar-policial
terrible, pues aquél se impuso por las armas, siendo el ejercito su
criminal fuerza de vanguardia. La carnicería continuada que realizó el
constitucionalismo español fue incluso peor que la que hizo el
franquismo, durando además mucho más tiempo. Ello priva de legitimidad
al régimen actual, formado a partir de la Constitución Española de 1978,
en vigor, el fundamental texto político-jurídico del sistema de
tiranía vigente que actualiza el de 1812.

La Constitución de 1812, además de un crecimiento descomunal del
aparato estatal, impuso la escuela primaria obligatoria, la revolución
industrial, destruyó el medio ambiente a través de su política agraria,
especialmente con las diversas desamortizaciones, desmanteló el régimen
popular agrario, que entonces era el del 85% de la población, de
concejo abierto, bienes comunales y sistemas de ayuda mutuo, creo la
burguesía en el sentido moderno del término y, con ella, el infame
sistema salarial de explotación y degradación. Así mismo, impuso
definitivamente el orden patriarcal, copiándolo del atroz Código Civil
francés de 1804, y atacó las lenguas, libertades y cultura de los
pueblos diferenciados, Euskal Herria, Galicia y Países Catalanes,
sometiendo a especial opresión a Canarias.

Con aquella Constitución, y las que fueron recreando sus contenidos
posteriormente, se esfumó del todo la libertad de conciencia tanto como
la libertad política y civil, al dar el Estado un formidable salto
adelante, no sólo cuantitativo sino además, y sobre todo, cualitativo.
Como consecuencia, los seres humanos dejaron de ser eso, humanos, para
hacerse mera mano de obra y sometidos perfectos, por tanto, subhumanos
funcionales, desprovistos de las cualidades que definen la humana
condición.

Por desgracia, cada 6 de diciembre, aniversario de la imposición de
la Constitución, de 1978, se observa el triste espectáculo de que nadie
hace nada para denunciar en la calle lo más sustantivo del actual
sistema de dominación, considerado en concreto, no de forma abstracta y
fraseológica, según acostumbra el radicalismo de pega. Esto no puede
seguir así.

Quien calla otorga, dice el refrán, y quien no se opone colabora y
coopera. Por tanto, los dejan pasar tan significada fecha sin alzarse
contra la dictadura constitucional, partitocrática y parlamentarista,
para expresar el rechazo a tal régimen y para preconizar, como
alternativa revolucionaria, un sistema de gobierno por asambleas
populares en red, se hace responsable, al menos por omisión, del
mantenimiento del actual orden político, que estatuye el capitalismo.

Las causas últimas de todo ello son el espíritu socialdemócrata,
conformista y furiosamente estatolátrico, que domina a la gran mayoría
de los movimientos supuestamente radicales. De ahí su suicida
“apoliticismo”, su activismo, tan inoperante como derrochador de
esfuerzo y personalmente aniquilador, su pervertido gusto por la
marginalidad y la tendencia a reducirse a cuestiones locales,
secundarias y de escasa significación, que en definitiva manifiestan su
deseo de acomodarse al actuante orden de dominación, sin más exigencia
que mejorar un poco las condiciones de existencia bajo él.

Mientras muchos se pierden en cominerías y futilezas, utopías
reformadoras aquí-y-ahora, luchas “anti”, admisión de las consignas que
elabora el PSOE (con el cual cooperaron en 2004, de manera que el
gobierno actual es, también, el del falso radicalismo activista) y
fraseología “anticapitalista” abstracta e inofensiva, el orden vigente
organiza cada año notables campañas políticas y mediáticas de
embellecimiento del actual régimen, en torno al 6 de diciembre, que
tienen un gran impacto en la opinión pública, sin encontrar réplica
política alguna.

Con motivo del 200 aniversario de la Constitución de Cádiz la
algarabía mediática será aun más ruidosa, impactante, intimidante y
adoctrinadora. Es necesario, pues, dar una respuesta crítica contundente
a tal ofensiva dictatorial, preconizando una sociedad plural y
asamblearia, con libertad de conciencia, política y civil, sin ente
estatal ni capitalismo.

Las propuestas de acción inmediata serían las siguientes:

– Constituir grupos de trabajo para fijar los contenidos de la
critica del orden constitucional, así como pergeñar los rudimentos del
régimen político capaz de superarlo de manera revolucionaria, el
fundamentado en un orden asambleario. Para esto mis libros, “La
democracia y el triunfo del Estado” que dedica varios capítulos a ello,
así como “Naturaleza, ruralidad y civilización” que denuncia el
ecocidio ocasionado por la Constitución de 1812 y sus retoños, pueden
ser de utilidad.

– Preparar acciones de denuncia y editar materiales críticos con
mayor intensidad a medida que se vaya acercando el año 2012.

– Convertir cada 6 de diciembre en un día de denuncia, repudio y
lucha en la calle contra la tiranía política vigente y a favor de la
libertad, realizable en una sociedad autogobernada y autogestionada.

Abajo la dictadura constitucional.
Viva la libertad.
Por un régimen de asambleas populares omni-soberanas.

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