TORTURAS EN LA CÁRCEL

Quiero hacer pública denuncia de un caso de torturas, las que yo he sufrido –
Viernes.9 de abril de 2010 –
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JOSÉ Mª BENITO GIMÉNEZ, PRESO EN LA CÁRCEL DE CASTELLÓ I

Me llamo José M. Benito Giménez. Quiero
hacer pública denuncia de un caso de torturas, las que yo he sufrido.
Un caso más de los tantos que vienen sucediendo en esta cárcel, C. P.
Castelló-II de Albocasser.

Antes de mi relato, deciros algo sobre
mí. Tengo 37 años, de los cuales llevo 20 en prisión. La heroína ha
arruinado mi vida y, de paso, la de mi familia. A estas alturas no voy
a engañar a nadie. No he sido un preso modélico; más bien al contrario,
participando en algún que otro altercado y motín. Es quizás por ello
que ahora el sistema pretenda tomarse venganza asesinándome en la
impunidad de este lado del muro, de manera silenciosa, anónima.

Estoy enfermo de sida. Los médicos me
han dado seis meses de vida. Ante esta perspectiva, lo único que deseo
es poder pasar los últimos días de mi vida en mi casa, junto a mi
familia, de donde nunca debí alejarme. Y así se lo he solicitado al
juez, pues es un derecho que recoge la ley.
Pero no he recibido contestación satisfactoria. En lugar de ello, lo
que he recibido del sistema ha sido una paliza de muerte. Esto es lo
que ocurrió el día 18 de enero de 2010.

Hacia las 9.00 de la mañana solicito a
los funcionarios que me lleven a enfermería por un ataque de cirrosis
hepática. Me dan largas. Tras dos horas aguantando un dolor
insoportable, una vez más lo vuelvo a solicitar con educación. Los
funcionarios se niegan. Pasan de mí. Yo, preso del dolor, la ira, la
impotencia, me puse a insultar a los carceleros. A partir de aquí
comenzó mi calvario.

Primero en el módulo. Entre ocho
funcionarios me llevan al cuartillo. Sin oponer yo resistencia, me
abofetean, desnudan, humillan, me dan una patada que me revienta el
bazo, y más y más golpes. Seguidamente, me llevan al módulo de
aislamiento y entre 16 carceleros me vuelven a desnudar, burlar, me
amenazan con ahorcarme y entre todos me dan un palizón, consecuencia
del cual sufro la fractura de varios huesos de la mano y de la cabeza.
Un fuerte derrame en el ojo, secuelas en la vista para el resto de mi
vida, y me tendrán que extirpar el bazo.

En ese lamentable estado, desnudo y
medio inconsciente, me meten en una celda de castigo sin nada más que
un colchón mugriento, con el frío que hacía esos días. Horas después me
sacan al hospital, donde me ingresan.
De las pruebas practicadas en el hospital queda claro, y así consta en
los informes clínicos, que las graves lesiones que presento son
producto de una agresión y no de una autolesión como pretende el médico
de la prisión en su parte.

Todos estos hechos los he denunciado en
el juzgado y sólo pido que se me haga justicia, se depuren
responsabilidades y se castigue a los torturadores y a quienes amparan
y permiten la tortura en la cárcel.

Gara

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