«El independentismo catalán ha salido del armario y va a marcar una nueva centralidad política»

Entrevista con el sociólogo Salvador Cardús i Ros –
Sábado.3 de abril de 2010 –
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Txente Rekondo

Voz reputada entre los analistas de la
cuestión catalana, Cardús destaca la pujanza del independentismo en la
sociedad catalana, un independentismo «maduro, tranquilo» y
heterogéneo, como se refleja en el proceso de consultas, y al que le
falta todavía una expresión política. Advierte, no obstante, contra
posibles apresuramientos en torno a las cercanas citas electorales en
Catalunya. Salvador Cardús i Ros, periodista y sociólogo, es profesor
en la Universitat Autònoma de Barcelona. Como investigador ha trabajado
en el campo de la sociología de la religión y de la cultura, el
análisis de los medios de comunicación y de las identidades nacionales.
Su último trabajo de investigación, «Los catalanes del siglo XXI»,
analiza el modelo catalán de integración. Miembro numerario del
Institut d´Estudis Catalans, Salvador Cardus i Ros accedió a conceder
esta entrevista a GARA en su reciente visita a Euskal Herria.

A día de hoy,
muchas voces relevantes de la sociedad catalana sostienen que la
centralidad política de Catalunya está dominada en estos momentos por
el independentismo o el soberanismo. ¿Comparte usted esta afirmación?

Lo que hay ahora son dos centralidades.
La que marca la política institucional, parlamentaria, que podríamos
decir que es de carácter ideológico, de centro izquierda muy clásica,
con el partido socialista y Convergencia en el centro, y que representa
la centralidad oficial. Pero además, está apareciendo otra centralidad
de carácter subterráneo, aún no visible en todo su conjunto, que no
tiene todavía una expresión política clara y definitiva, y que está
definida por el independentismo.
Un independentismo maduro, muy tranquilo, que «ha salido del armario»,
y cuya dimensión aún no conocemos exactamente, que probablemente
necesita liderazgo y expresión política, pero que está clarísimamente
ahí, que es visible, y que va a marcar una nueva centralidad política.

¿Qué ha cambiado en la sociedad catalana para encontrarnos en la coyuntura actual?

Han tenido lugar algunas cosas de
carácter más político, más inmediato y otras de largo alcance. Y unas
han hecho cuajar las otras. Entre las primeras encontramos el fracaso
del proceso de reforma del Estatut. El fracaso de los propósitos de
fondo para los que se dijo que se hacía este Estatut y que era lo que
esperaban y señalaron en su día Maragall, Esquerra o Convergencia. Nada
de lo que dijeron se ha cumplido, y ésta no es una valoración subjetiva
o interesada, no hay más que acudir a las hemerotecas para comprobar
que lo que iba a ser y lo que ha sido no se parece en nada.

El camino propuesto por la política
institucional, parlamentaria, ha sido un nuevo Estatut para conseguir
un horizonte a veinticinco años vista. Pero solo la idea que éste pueda
ser el Estatut que defina los próximos 25 años de nuestro futuro como
nación, para muchos es algo inaceptable. Además, los tres años de
puesta en marcha del mismo han acabado por mostrar definitivamente que
no ahorraba los clásicos problemas de negociación permanentes con el
estado.

Entre las segundas circunstancias, hay
que considerar un marco mucho más general, de los últimos diez o doce
años, donde se visualiza que el país estaba perdiendo su capacidad para
la innovación, el progreso, la creación de riqueza, para ofrecer un
futuro a la gente, y eso ha ido provocando una especie de clima
depresivo en el país, de baja autoestima, donde sólo se destaca lo
negativo.
En definitiva, a la visión negativa del país se le ha unido una crisis
económica que agrava la situación, y se ve que España no es la vía de
salida, sino todo lo contrario, es un lastre superior, y que finalmente
el Estatut no resuelve la situación.

¿Cuál es el perfil sociológico de ese movimiento articulado en torno a las consultas?

Por la experiencia que tengo en la
participación directa en diferentes actos que se han organizado,
siempre multitudinarios, lo interesante es que se trata de un
movimiento muy plural, que engloba a gente joven y a personas mayores;
la presencia de la mujer es muy elevada, algo que no era habitual; es
urbano y es rural al mismo tiempo. Además, destaca la presencia de
profesionales medios y altos, gente con importantes responsabilidades
en empresas e instituciones. Es, en definitiva, una combinación muy
amplia y muy heterogénea.

Reforma estatutaria, encaje en España, federalismo…¿son términos superados o sin recorrido en las actuales condiciones?

En treinta años no han avanzado nada.
Los federalistas se han dado cuenta que en el estado español no hay
quien apuesta por esa fórmula, por lo que su recorrido es cortísimo. El
otro camino, el de Convergencia sobre la dimensión plurinacional del
estado, su recorrido también ha sido nulo. Algunos ya han comenzado a
reconocer esa absoluta falta de perspectivas. Esos caminos son por
decirlo con una cierta ironía, una «imposibilidad contrastada», es
decir, está demostrado que es imposible. Sin embargo, la independencia
es una «imposibilidad por contrastar», o sea que quizá también sea
imposible, pero no lo hemos probado.

Hay otro dato, España se ha vuelto
profundamente antiautonomista. No me refiero al uso político y
electoralista del anticatalanismo, eso es otra cosa; me refiero a la
pérdida de confianza en el modelo autonómico y en su modelo de gestión,
que se hace más evidente en todas partes. Pensar que la autonomía tiene
recorrido es absurdo, a no ser para retroceder, Si se abre el melón de
la Constitución será «para poner orden», que es lo que intenta el
Tribunal Constitucional sin mucho éxito, es una vuelta atrás, una nueva
vuelta de tuerca.

Recientemente
usted ha señalado que hay indicios serios de que el independentismo
será combatido con las peores armas. Cuál cree que será la respuesta
del estado español a ese despertar nacional?

Para empezar, lo que ha hecho es actuar
con inteligencia: nunca se debe menospreciar la inteligencia del
adversario. Éste es inteligente, y no utilizará las mismas armas en
Euskal Herria y en Catalunya, porque la sociedad es muy distinta, y lo
que está haciendo en Euskal Herria sería totalmente impensable en
nuestro país.

De momento ha reaccionado mostrando
indiferencia y silenciando lo que está ocurriendo. Es una primera forma
de actuar, cómoda. Pero yo creo que van a ser muy duros en la
persecución del descrédito personal, ante la aparición de nuevos
líderes que van a ser atacados de una manera muy dura por parte de los
mecanismos de que dispongan y posiblemente se intentará volver a
criminalizar al independentismo con acusaciones de «populismo,
Berlusconianismo». Por ejemplo a Laporta se le quiere comparar
malintencionadamente con el dirigente italiano. De todas maneras, la
actual configuración popular del movimiento es una buena salvaguardia.

¿Cómo valora la reacción de los medios de comunicación ante lo que está aconteciendo?

Se están viendo las dudas y las
indecisiones. De momento no se puede percibir una posición definitiva,
simplemente esa dificultad por parte de los propios medios de evaluar
correctamente lo que está ocurriendo y no querer dar aire, pero tampoco
quedarse al margen de lo que ocurre, está marcando su postura. Yo creo
que los medios catalanes no van a tener una actitud negativa, ni los
más conservadores. La evidencia, como las próximas consultas del 25 de
abril, con ciudades como Manresa y resultados significativos, no se
podrá obviar.

Otra cosa es la prensa desde Madrid,
pero ya sabemos cuál es su punto de vista en este combate, y en su
momento deberán valorar si una posición de confrontación favorece sus
intereses o es justo lo contrario, y acaban por empujar aún más. La
reacción ante el editorial conjunto de la prensa catalana mostró que en
Madrid, ni siquiera cuando se les avisa de manera leal de que hay
problemas, ni siquiera en ese momento entienden nada.

¿Qué papel estarían jugando los partidos políticos parlamentarios en este escenario?

Están desconcertados, viven en la
conciencia de una pérdida de credibilidad enorme, con una abstención
creciente y galopante, lo que ellos entienden como un desafecto de la
ciudadanía hacia la política. Y eso es una mala interpretación, porque
lo que está ocurriendo es justo lo contrario, el desafecto es el suyo
hacia los ciudadanos, no se dan cuenta hasta qué punto las personas se
sienten desatendidas por su actitud. Y es entonces cuando hablan de que
la ciudadanía pasa de política, y resulta que está más politizada que
nunca. Es una mala diagnosis pensar que el problema es de desafecto,
será desafecto hacia algún tipo de política o hacia la incapacidad para
conectar, para dar mensajes correctos.

Yo lo he descrito diciendo que es como
si estuvieran dentro de una ratonera; el parlamento se ha convertido en
una especie de ratonera de la que no saben cómo salir, pero de la que
tampoco quieren salir, porque les protege. La sociedad demanda que
salgan, porque en ese espacio hay un margen muy pequeño de maniobra,
por eso demandan a los políticos un poco más de valentía, de capacidad.

¿Serán las
próximas citas electorales, autonómicas este año y municipales el
próximo, un obstáculo en la articulación de un movimiento
independentista fuerte?

En cierta manera, sí. Creo que para
este despertar independentista llegan demasiado pronto. Aquí hay un
riesgo importante, ya que cuando estemos cerca de las elecciones los
partidos parlamentarios van a marcar muy bien el terreno y va a ser muy
difícil que lo que no está ya dentro pueda expresarse. Cuando se
acercan las elecciones los caminos se estrechan y no es fácil que el
independentismo amplio haya sido capaz de encontrar sus líderes y su
expresión propiamente política.
Para estas elecciones quizás lo mejor sería dejarlas pasar, y
prepararse bien para el siguiente paso. Pero comprendo que esta es una
opinión muy poco política, y que los dirigentes de estos movimientos
quieran aprovechar la oportuidad.

¿Cómo debería encarar el independentismo los grandes retos que se le avecinan?

Desde mi punto de vista se debe
proteger con mucho cuidado lo que es el movimiento social, no poner en
riesgo tras las elecciones el movimiento de base y evitar las peleas
internas y que los resultados electorales puedena poner en peligro el
despertar popular. Lo primero a preservar es, por tanto, el movimiento
de fondo.

El segundo factor a tener en cuenta
sería, si es que finalmente hay que presentarse a las elecciones,
asegurarse de que las relaciones entre este movimiento social y la
candidatura quedasen muy bien articuladas, de forma muy clara, que se
viera cuál es la relación entre una cosa y otra. Además, los posibles
candidatos deberían representaran la pluralidad del propio movimiento
social, para mostrar las diferentes sensibilidades de forma abierta y
rica. Y, finalmente, el discurso político debería centrarse en la
exigencia de radicalidad democrática y de trazar el camino a la
independencia, pero sin entrar en debates ideológicos propios de los
partidos.

Insisto además en una idea clave: hay
que construir un independentismo muy generoso, capaz de evitar
enfrentamientos inútiles, capaz de integrar todo lo que sume en la
misma dirección. Debe ayudar a que los independentistas «salgan del
armario», a superar temores y a definir que debe entenderse por
independencia en el siglo XXI.


Fuente:
http://www.gara.net/paperezkoa/20100329/190914/es/El-independentismo-catalan-ha-salido-armario-va-marcar-una-nueva-centralidad-politica/

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