El dedo ¿corazón? de Aznar

Correo Tortuga – Julio Ortega Fraile –
Martes.2 de marzo de 2010 –
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“¡Hay algunos que no pueden vivir si
mí!”, sentenció muy ufano José María Aznar refiriéndose a los que le
abuchearon en la Facultad de Económicas de la Universidad de Oviedo,
mientras acompañaba sus palabras de una sonrisa cargada de desprecio y
mostraba a sus detractores, la fortaleza de su dedo corazón. Un gesto
que en todo caso y al menos a mí, me produce menos repelús que sus
imágenes en bañador, en las que apreciábamos como entre conferencia y
conferencia millonaria, tiene el ex-militante del Sindicato Estudiantil
Falangista, tiempo para abdominales y pesas. Lástima que no existan
aparatos de gimnasia para aumentar la musculatura de la ética y de la
sensibilidad, o sea, del corazón.

“No pueden vivir sin él”, eso es lo que
piensa, lo que no deja de ser irónico, pues los que le insultaban, lo
hacían precisamente porque otros, miles, dejaron de vivir gracias a él.
Y no sé la razón, pero tengo la impresión de que el Presidente de las
FAES, se quedó con las ganas de levantar algo más que su dedo: todo el
brazo derecho con la mano extendida.

Lo peor es que ese desprecio social,
que tantos sienten y tan pocos se atreven a expresar públicamente, sea,
de momento, todo el precio que este hombre tenga que pagar por su
responsabilidad compartida en las matanzas habidas en Irak. Y digo de
momento, porque confío en que algún día, sea alguna Corte de Justicia
la que le llame lo mismo que esos jóvenes, pero incluyendo el término
en un contexto legal. Ya veremos si en esa ocasión, cuando dicten
sentencia por los hechos, muestra la misma arrogancia con los jueces.

A muchos nos provoca risa ese gesto de
Aznar, pero en cuanto pensamos que donde realmente estaba extendiendo
su dedo corazón era ante innumerables tumbas conteniendo los cadáveres
de aquellos que murieron como consecuencia de la invasión de Irak, con
la disculpa de buscar unas armas de destrucción masiva que Bush no fue
capaz de encontrar ni bajo los muebles de su despacho, la sonrisa se
transforma en repugnancia y les aseguro que yo, en ese instante,
pienso: “Sí, José María Aznar, podría vivir perfectamente sin ti”. Y
sobre todo, posiblemente otros muchos lo seguirían haciéndolo.

Julio Ortega Fraile

Vigo (Pontevedra)

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