¿Saben dónde se podrían guardar los residuos nucleares a gusto de todos?

Pues evidentemente bajo la custodia
directa de los más enérgicos defensores de la pervivencia en nuestra
sociedad de esta forma de obtener energía.

En primer lugar podemos repartir alguna que otra tonelada de residuos radioactivos en los domicilios particulares de los concejales de diferentes partidos y distintas localidades, que incluso llegando a desobedecer a autoridades superiores de sus respectivas formaciones políticas, se sacrifican por el bien de sus conciudadanos (a los que en virtud quizá de algún tipo de ignorancia insalvable o minoría de edad eximen de tener que dar su parecer)
votando en plenos municipales a favor de la implantación del super
cementerio nuclear en terrenos de su ayuntamiento. Algún trastero poco
utilizado, algún baul lleno de chismes inútiles o algún cajón vacío
tendrán en sus casas, es de creer. Eso sí, los residuos los guardarán
convenientemente enfundados en los envoltorios de acero inoxidable que
–según nos dicen- los convierten en inocuos para siempre jamás.

En segundo lugar contamos para arrimar
el hombro con los componentes del Consejo de Seguridad Nuclear. Nadie
mejor que ellos tiene la certeza de la absoluta falta de peligro de la
energía nuclear y de los propios residuos. No en vano su principal
cometido viene siendo el evitar que se difundan noticias sobre fallos en las centrales nucleares españolas (¿para qué alarmar a la gente con estas chorradas que no revisten peligrosidad alguna?) o en el caso de que se difunda alguna, salir rápidamente a la palestra a asegurar que todo va como miel sobre hojuelas. ¿No son estos señores y señoras los que se han posicionado de forma unánime por la prolongación de la vida útil de las centrales españolas alguna que otra década por encima de su propia caducidad?
Pues eso, seguro que estarán encantados de aportar su granito de arena
al problema de los residuos llevándose una porción de ellos a sus
chalets. Cabe imaginar que personas con tan altas responsabilidades
tendrán ingresos asegurados como para disponer de casas de campo con
sótano y jardín, magníficos lugares donde depositar y/o enterrar unos
cuantos barriles de residuos.

Por supuesto no podemos olvidarnos del
amplio colectivo de personas que viven de o se enriquecen con la
energía nuclear. Y ahí podemos incluir tanto a altos gestores técnicos
de las instalaciones, como a ejecutivos y accionistas de las empresas eléctricas,
a los banqueros que participan en el pastel y a los políticos y
personajes públicos que reciben comisiones por tomar decisiones
beneficiosas para el sector o crear estados de opinión favorables a lo
nuclear. Toda esta gente tan variopinta es completamente seguro que
también se van a ofrecer con alegría a la solidaria y coherente tarea
de almacenar los residuos que produce el negocio que a ellos beneficia
en primer lugar. Evidentemente, al igual que los anteriores sectores
nombrados, también aportarán sus baúles, sus alacenas infrautilizadas,
sus sótanos, gimnasios-sauna y bodegas, garajes y hasta hangares de sus
jets privados; por supuesto la profundidad terrestre de sus jardines y
campos de golf y acuática de sus estanques, piscinas y jacuzzis. Además
para dar ejemplo portarán residuos radioactivos en el maletero de sus
vehículos e incluso en dobles fondos de las fundas de sus teléfonos
móviles. Sin duda pequeñas cantidades pero de un gran valor simbólico.

Tampoco hay que dejar de nombrar a la principal entidad promotora del uso de la energía nuclear. Nos estamos refiriendo al Diario El País,
perteneciente al Grupo Prisa. Gracias a las páginas de este periódico
el lobbie pronuclear viene teniendo la posibilidad de tranquilizarnos a
todos con respecto a los peligros de las centrales y de sus residuos,
así como de apelar a nuestra responsabilidad diciéndonos una y otra vez
por boca de articulistas, opinólogos e incluso altas personalidades
políticas entre las que se cuenta algún que otro expresidente del gobierno,
que la energía nuclear es insustituible y que si se cierran las
centrales España caerá en la más profunda de las miserias. El Diario El
País, ahora que pierde lectores y ventas a todo trapo, es de creer que
va a ir teniendo cada vez más espacio en sus rotativas, almacenes de
distribución o en los despachos de los directivos despedidos por
recortes de plantilla para almacenar unos cuantos barrilitos de los que tanto promociona.

Ahora hablando sin ironías. Es toda la
sociedad en su conjunto la responsable de que exista la energía nuclear
y sus residuos. En primer lugar por no oponerse a su implantación
posicionándose a favor de sus alternativas (que las hay), y en segundo
lugar por dejarse comprar por el desaforado consumismo que le lleva a
un derroche energético siempre creciente, insostenible y que de hecho
–para más inri- no la acerca en modo alguno a ningún tipo de felicidad.
En justicia los residuos resultantes de la producción de esa energía
que se derrocha deberían almacenarse en los lugares donde se consume y
malgasta, es decir, en los centros urbanos. Ya está bien de que el
mundo rural pague la factura del modelo de vida insostenible de las
ciudades. En más justicia aún no deberían existir tales residuos porque
no se debería utilizar algo tan peligroso y que tanto hipoteca a la
humanidad como es la energía nuclear.

Cada vez son más las voces que
cuestionan tanto nuestra forma de producir energía como nuestra forma
de gastarla. Hay una propuesta que en esta página nos agrada mucho y
nos resulta absolutamente sensata, que es la del decrecimiento. Por si
tienen interés en conocerla, ahí les dejamos un par de enlaces:

http://www.decrecimiento.info/

http://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento

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