Las empresas dedicadas a la venta de armamento multiplican los convenios con las universidades españolas

Gran reportaje en Diagonal –
Domingo.20 de diciembre de 2009 –
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La industria de las armas pasa la selectividad

La presencia de las empresas en la
universidad es, desde la imposición de Bolonia, cada vez más evidente.
La industria del armamento no es ajena a esto. Pese a que 13
universidades españolas ya tienen en sus estatutos disposiciones
contrarias a la investigación militar, hay otros centros que no sólo
siguen manteniendo vinculación con las empresas de armas, sino que la
fomentan aún más. Las colaboraciones más significativas son las de
Navantia con la Politécnica de Cartagena, y los de EADS con la
Politécnica y la Carlos III de Madrid, además de la Universidad de
Sevilla.

MARÍA CALZADILLA

Las conexiones entre las universidades
españolas y la industria del armamento están intensificándose en los
últimos años. Pero no es un fenómeno nuevo. En la Universidad
Politécnica de Cartagena llevan años colaborando con Navantia. Esta
naviera, que surgió de las cenizas de la antigua IZAR, se dedica a la
construcción de barcos de guerra y submarinos. Los investigadores de la
Universidad Politécnica de Cartagena participan activamente desde 1999
en el diseño del submarino S-80, exportado a países como Malasia. En
los últimos años se han suscrito nueve proyectos conjuntos de
investigación, donde se pusieron recursos universitarios al alcance de
esta industria militar. También colabora con la Universidad de Cádiz a
través de la fundación universidad y empresa local. Un directivo de
esta empresa fue presidente del consejo social de la Universidad
Politécnica de Cartagena hasta 2006. Donde se supone que están
representados los intereses de la sociedad en la gestión del
presupuesto universitario, se coló José Del Pino, alto cargo de
Navantia, que está imputado desde 2005 por manejar una presunta caja B
en las cuentas de los astilleros públicos. La universidad de Sevilla
también colabora con Navantia realizando portes militares de software,
es decir, adaptando programas creados en un ordenador a componentes
específicos de barcos.

Investigación militarizada

En el consejo de la Universidad Carlos
III de Madrid se sentaba el presidente de la filial española de EADS.
En este caso Carlos Suárez fue destituido el pasado febrero por sus
diferencias con la política de la empresa matriz, y cedió su asiento a
otro directivo del SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones
industriales, que tiene un 5% de EADS). Esta universidad mantiene una
estrecha vinculación con el gigante del armamento EADS. El consorcio,
que aspira a ser conocido sólo por su producto emblema, el avión
Airbus, es el segundo fabricante europeo de armas. Entre sus productos
y los de sus sociedades participadas se encuentran cazas, helicópteros
de combate, todo tipo de misiles (incluidos nucleares) y satélites
militares. La universidad materializa su colaboración cediendo espacio
de su parque tecnológico en Leganés. Al Centro Mixto de Integración de
Sistemas Aeroespaciales (que así se llama la instalación) la
universidad aporta personal investigador cualificado y estudiantes en
prácticas, así como personal administrativo y recursos técnicos. A
cambio, EADS financiará las instalaciones con una dotación económica
irrisoria para los 13.100 millones de dólares que facturó en 2007 el
ala bélica de la compañía. Las investigaciones que se desarrollan de
forma conjunta en este centro pueden tener un doble uso militar y
civil. No acaba ahí la vinculación. Desde este año, se oferta un máster
de forma conjunta entre EADS y esta universidad. El máster versará
sobre integración de sistemas en aeronaves, sin especificar si se trata
de sistemas destinados exclusivamente a aeronaves civiles.
El consorcio europeo también tiene nexos con la Universidad de Sevilla.
Desde la firma del convenio de colaboración en diciembre de 2008, la
cátedra EADS forma parte de las patrocinadas por empresas en esta
universidad. Este acuerdo lo firmó en el Ministerio de Industria una
universidad más, la Politécnica de Madrid, donde también tienen otra
cátedra de renombre en el mundo del armamento. La cátedra Unión
Explosivos Españoles (UEE) rinde homenaje al antiguo consorcio del que
formaba parte Expal (Explosivos Alaveses SA). Esta compañía es conocida
por haber fabricado minas antipersona y bombas de racimo, entre otros
explosivos y municiones. UEE cambió su nombre por Maxam Corp, en un
claro intento por desvincularse de los antecedentes oscuros de la
historia de Expal, pues las minas de esta empresa aún infectan sitios
como el Sáhara o Colombia. Desde esta cátedra se dirigen
investigaciones acerca de explosivos que pueden tener un uso civil o
no. Este caso es especialmente relevante porque la politécnica ha
incorporado a sus estatutos disposiciones favorables a la paz, aunque
sin excluir literalmente la investigación militar.

Ocurre algo similar en la Universidad
de Zaragoza. Indra es una empresa que fabrica dispositivos electrónicos
para misiles y aviones (tiene la contrata del mantenimiento de los F-18
estadounidenses). Lleva tres años colocando su stand (junto al de EADS)
en la feria de empleo que organiza la Universidad en Zaragoza. El
primer año, unos activistas antimilitaristas desarrollaron una acción
en el evento que les llevó ante los tribunales, donde resultaron
absueltos. Indra reconoce en su web que tiene convenio con 28
universidades.



LA BANCA ARMADA TAMBIÉN VA A LA UNIVERSIDAD


La banca es imprescindible en el
negocio de las armas, ya que adelanta los pagos a las empresas a
comisión. También posee participaciones directas en el sector. La
universidad colabora con entidades financieras sin preocuparse de las
vinculaciones militares de éstas. El Banco Santander, prácticamente
omnipresente en los campus, posee el 23% de Maxam Corp (dueña de Expal)
a través de su sociedad Vista Capital. Caja Madrid, que lidera el
ránking de la banca armada con sus 128,17 millones de euros en
participaciones de Indra, tiene vinculación con todas las universidades
madrileñas. Caja Cantabria, ligada a la universidad de su comunidad,
posee el 1,2% de Indra. Otra caja cantábrica, Caja Astur posee otro 5%
y colabora activamente con la Universidad de Oviedo. La maltrecha Caja
Castilla La Mancha, que está presente en la única universidad de su
región, tiene participaciones por valor de 21,02 millones de euros en
las empresas Aernnova (componentes de aviación), Amper (electrónica de
defensa) y Tecnobit (tecnología y adiestramiento militares). En esta
última empresa también tiene el 48% Caja Sol, que colabora con las
universidades andaluzas. Esta entidad tiene además el 10% de SACESA
(componentes aeronáuticos), donde también está representada Unicaja con
un 5% del accionariado, vinculada a la universidad de Málaga.

En la Universidad del País Vasco tienen
presencia Caja Guipuzcoa, Bilbao Bizcaia Kutxa (BBK) y Caja Vital, con
participaciones las tres en la compañía CAF, que moderniza y repara
vehículos blindados. Las colaboraciones usuales se concretan con la
gestión del carnet financiero universitario, incluir una sucursal en el
campus, la financiación de actividades mediante patrocinios, o
promoción de productos oferta entre los alumnos. BOTÍN. El Santander
posee el 23% de Maxam Corp, dueña de Expal. La presencia de las
empresas en la universidad es, desde la imposición de Bolonia, cada vez
más evidente. La industria del armamento no es ajena a esto. Pese a que
13 universidades españolas ya tienen en sus estatutos disposiciones
contrarias a la investigación militar, hay otros centros que no sólo
siguen manteniendo vinculación con las empresas de armas, sino que la
fomentan aún más. Las colaboraciones más significativas son las de
Navantia con la Politécnica de Cartagena, y los de EADS con la
Politécnica y la Carlos III de Madrid, además de la Universidad de
Sevilla.


http://www.diagonalperiodico.net/La-industria-de-las-armas-pasa-la.html


Academias militares con rango universitario

Tras las aprobación de la Ley de
Carrera Militar, las academias la educación castrense aspiran a
convertirse en centros universitarios élite gratuitos. Los primeros
convenios ya se han firmado.

Elaboración DIAGONAL

A lo largo de este año se han firmado
convenios entre las diferentes academias militares (Marín, San Jorge y
Zaragoza) y las universidades de Vigo, Politécnica de Cartagena y
Zaragoza para la creación de los llamados Centros de Formación de la
Defensa. Estos centros, de acuerdo con la Ley de Carrera militar ,
ofrecerán estudios militares que tendrán rango de carreras
universitarias. A partir del curso 2010-2011, junto al Plan Bolonia,
comenzarán a formarse aspirantes a oficial del ejército que, tras
finalizar sus estudios, obtendrán títulos de Ingeniería en Organización
Industrial en Marín y Zaragoza e Industrial Mecánica en Vigo. Tras la
obtención del título, los alumnos podrán realizar posgrados, másteres y
doctorados, todos ellos equivalentes a los realizados en cualquier
universidad.

Más que gratis

Al equiparar la formación militar con
la universitaria, las academias van a convertirse en centros de élite,
al contar con muchos más medios, y además, gratuitos. Obtener un título
universitario en una academia militar no sólo será gratis, sino que
además estará remunerado, ya que los aspirantes a oficial reciben un
sueldo mientras cursan la carrera militar. Esto va a hacer que los
centros militares sean muy atractivos para jóvenes con pocos recursos
que quieran conseguir un título universitario. Por este motivo, Defensa
ya se está planteando imponer un servicio mínimo al finalizar los
estudios para obligar a los alumnos a permanecer en el Ejército como
ocurre en algunas academias (en San Javier se impone un servicio de
diez años para compensar la posibilidad de convertirse en piloto
comercial tras cursar los estudios militares de aviación). A pesar de
quedar adscritos a las diferentes universidades, los centros de defensa
mantendrán en todo momento su carácter militar. Así las academias se
encargarán de “encuadrar a los alumnos y gestionar su régimen de vida”.
Esto ha provocado dificultades ya que las academias militares no
cumplen con algunos de los mínimos de la normativa de funcionamiento
exigida a los centros universitarios, como los de representación del
alumnado en las juntas de centro. Al estar sometidos al régimen de
disciplina militar, los cadetes tienen limitados algunos derechos como
el de asociación, de forma que no pueden elegir a sus representantes
democráticamente. La Universidad de Zaragoza tuvo que modificar sus
estatutos para hacer posible el convenio, ya que estos establecían que
todos los alumnos tenían que tener representatividad, así como voz
frente al rectorado mediante diferentes colectivos. Finalmente los
alumnos militares tendrán representación, pero no será elegida por
sufragio.

Objeción de conciencia

Los centros serán dirigidos por un
patronato mixto entre la universidad y las academias, y el profesorado
será contratado expresamente para las academias, aunque cabe la
posibilidad de que personal de la propia universidad ejerza en comisión
de servicios en el centro de la Academia. Los convenios entre
universidades y academias militares ya han comenzado a suscitar
preocupación entre algunos de los trabajadores de la universidad. En
concreto entre el Personal de Administración y Servicios (PAS) de la
Universidad de Zaragoza. Desde la candidatura del PAS al claustro La
Algara se está planteando la posibilidad de plantear objeción de
conciencia ante la posibilidad de tener que trabajar en centros
militares o en iniciativas con una finalidad bélica.


http://www.diagonalperiodico.net/Academias-militares-con-rango.html


ENTREVISTA | EDUARDO MELERO, PROFESOR DE DERECHO EN LA UAM Y MIEMBRO DEL CENTRE DELÀS –

“La ley permite que los acuerdos sean secretos”

David Fernández


DIAGONAL: ¿Qué tipo de relación hay entre las universidades y el sector de Defensa?

EDUARDO MELERO: Lo habitual es que sean
colaboraciones puntuales de profesores o grupos de investigación que
buscan dinero, prestigio o una mejora en los equipos que utilizan para
desarrollar su labor. En casos excepcionales, las universidades
desarrollan una estrategia de colaboración más amplia y sostenida en el
tiempo. Es el caso de las universidades que tienen adscritos centros
universitarios de Defensa o que trabajan con empresas de armas.

D.: ¿Cómo justifican las universidades su colaboración con la industria militar o con el ejército?

E.M.: La universidad tiene vocación de
servir a los intereses de la sociedad, por lo que se utiliza el
criterio del entorno geográfico para justificar esta colaboración. Si
en este entorno están presentes industrias relacionadas con la defensa
o instalaciones militares, se utilizará como argumento.

D.: ¿Cómo formalizan esta colaboración?

E.M.: El instrumento básico es el
convenio. Es un contrato que se firma entre los profesores y el
ministerio. Estos contratos no pasan por los órganos de gobierno de la
universidad (ni por claustro ni por junta de facultad), ya que se
celebran a través de las fundaciones y oficinas de transferencia de
conocimiento de las universidades.

D.: ¿Pueden ser secretos los contenidos de estas investigaciones o los acuerdos?

E.M.: Así lo permite la ley de
contratos del sector público, que posibilita que en el ámbito de
defensa puedan ser secretos. Quien establece el carácter secreto de la
investigación es el Ministerio de Defensa o el de Ciencia y Tecnología.

D.: ¿Qué se ha buscado con la ley 39/2007, conocida como Ley de la Carrera militar?

E.M.: Se ha buscado institucionalizar
una colaboración que ya venía existiendo entre los centros de Defensa y
algunas universidades. La Ley de la Carrera Militar establece la
posibilidad de que los centros de Defensa dirijan líneas de
investigación a largo plazo con las universidades. Esto puede dar lugar
a que, con una planificación a largo plazo, la universidad ponga sus
recursos al servicio de lo militar, lo que suponga una diferencia
cualitativa. Pero tengo la impresión de que aún se están dando en este
sentido los primeros pasos.

D.: ¿Qué obtienen los militares de la universidad?

E.M.: Su conexión con la universidad
les otorga legitimación, no sólo a través de la investigación militar,
sino a través de cursos o seminarios relacionados con Defensa. Por otra
parte, el Ministerio de Defensa puede promover la investigación en
armamento a través de las empresas privadas o recurrir a la
infraestructura de investigación de la universidad. También se intenta
hacer más atractiva la carrera militar, al permitir a los oficiales
obtener una formación útil para la vida civil, ya que saldrán de los
centros universitarios de la defensa con un título universitario que
les podrá servir una vez pasen a la reserva activa.

D.: ¿Qué beneficios obtienen las universidades de esta colaboración?

E.M.: Las universidades que colaboran
con las academias militares en principio no sacan rendimiento económico
directo porque los militares no pagan tasas. Pero el profesorado puede
tener algún tipo de remuneración indirecta. Habría que tener acceso a
los convenios entre la universidad y el Ministerio de Defensa para
saber qué recibe ésta a cambio.

http://www.diagonalperiodico.net/La-ley-permite-que-los-acuerdos.html

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