El negocio de los Premios Príncipe de Asturias

Miguel Ángel Llana, La Haine –
Domingo.25 de octubre de 2009 –
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Todos los años el mismo ritual, la misma liturgia, se reúne lo mejor de la sociedad de cuello blanco con el mayor lujo posible.

No se recatan, aunque esto ni siquiera
sea lo apetecido por muchos de los galardonados, acostumbrados más al
duro trabajo y a superar dificultades. Difícilmente pueden encontrarse
a gusto en medio de tanta etiqueta y de tanto maniquí.

¿Quiénes son los homenajeados?
Principal y fundamentalmente quien otorga los premios que dispones de
un presupuesto es de más de siete millones de euros y de no se sabe
cuantos más de forma indirecta y un montón de vasallos a sus pies.
También son homenajeados con una fiesta que dura una semana ahora, y
unas cuantas más para el numeroso jurado, pilar y valedores de la
monarquía, que durante el resto del año disfruta de no se sabe cuantas
reuniones de trabajo, dietas y gastos.

¿Cuál es el sentido de los Premios
Príncipe de Asturias? Muy concreto: se reduce a un montaje mediático
que nada tiene de científico ni de cultural, salvo alguna que otra
charla de relleno. La ceremonia principesca es lo fundamental.

Los premios:

1.- Nacen por la necesidad de
"legalizar" y consolidar una monarquía carente de contenido -como
todas- que, para mayor incongruencia, ha sido impuesta por el dictador
Franco. La misión de un Príncipe está vacía de contenidos que no sean
los puramente protocolarios y ornamentales. Por ello es necesario hacer
algo, como idear un "Premio" con su nombre para reunir a lo mejor y más
destacado de determinadas áreas con las que poder mimetizarse con su
talento y su ciencia. Es un intento de identificarse con cada uno de
los premiados cada año, todos los años.

2.- El Príncipe, en medio de todo este
boato, siguiendo la tradición de los cuentos infantiles, se gana al
público, se hace valer y justifica su cometido. Y, además, quien da el
premio está por encima, es superior al homenajeado. Así una persona tan
lista y preparada merece ser Príncipe, como en los cuentos.

3.- Cierto que es un galardón para el
premiado. Pero, de paso, el que no fuera monárquico ahora lo será un
poco o, por lo menos ya no será antimonárquico. Implícitamente, al
menos, ha de reconocer al Príncipe y a la monarquía que representa.

4.- Demasiada gente alrededor, esto es
bueno para la monarquía, un centenar de presumibles personalidades
"debaten" en torno al Premio. Unos en el jurado y otros no se sabe bien
en qué, pero todos se comprometen con el "Premio y Príncipe", con la
monarquía.

5-. Nadie lo hace gratis, todos cobran,
unos en metálico y otros en "relaciones", en influencias directas e
indirectas. Cientos o miles de personas apoyarán los "Premios" porque
algo les toca. Y, sino, vean los líos (y disgustos) que hay todos los
años por una butaca en el teatro de los premios y cuanta gente a la
entrada haciendo el pasillo. Por las buenas o por las malas todos
"participamos" de los premios.

6.- A la sombra de los méritos de
algunos o de muchos de los premiados, cuelan a otros, a los vividores
del sistema que, aprovechando el prestigio de los premiados, legalizan
una corriente de opinión, una ideología o un comportamiento antisocial
tergiversando así, la ética o la moral de lo que debiera de ser un
premiado. Y, esto sin hablar, por ejemplo, de deportistas y otros
acaudalados que tienen su paraíso fiscal, nadie sabe donde, y que son
especialmente meritorios en evadir impuestos y maestros de la
insolidaridad por no decir de la delincuencia y del delito. Todo un
modelo.

7.- Premio a los políticos, que
encuentran un foro más en donde celebrar sus pitanzas y codearse con
los poderosos de la economía, de los negocios, del pelotazo y, en
definitiva, a lado de los promotores del sistema económico insostenible.

8.- Premio también a los osados, que
más exhiben de insensatos, ya que tienen el cuajo de sentarse a una
mesa a deliberar sobre temas y ciencias de las que como mucho sólo han
oído hablar. Y, con semejantes mimbres se hace el jurado de cada
disciplina.

9.- Premio a personajes siniestros
descendientes y defensores, aún quedan, de la dictadura y de su Falange
que son el “alma” de la Fundación y del jurado. Sirvan de ejemplo Juan
Antonio Samaranch, Juan Velarde Fuertes, Manuel Fraga, etc. Sirva
también de ejemplo, Socialistas y Obreros del Partido así se auto
denominado, que lideran toda una conversión a la monarquía, lo mismo
que otros muchos de izquierda y hasta comunistas amnésicos que ahora
resulta se han vuelto también monárquicos.

10.- Esta es la fiesta de la
degradación de la conciencia social y de la solidaridad. Una Fundación
privada con 26 millones de euros de patrimonio propio provenientes de
“donaciones”, más un montón de millones de las arcas públicas
municipales, regionales o estatales, más todos los costosos medios
necesarios puestos a disposición de la realeza.

En resumen. Subvenciones y donaciones
dadas a una Fundación “Príncipe” como peaje para reunirse en torno a
mesa y mantel para medrar, traficar amistades, negocios, información,
proyectos y recuperar con creces la aportación entregada y, de paso,
reafirmar el modelo monárquico que tan buenos resultados les está dando.

Hoy, los acaudalados, autoridades,
políticos, militares, jerarquía eclesiástica, dirigentes sindicales,
banqueros, constructores, nobles y bufones, tienen cita al atardecer en
el Teatro Campoamor, el Príncipe espera porque, como decía Marx, no
habría reyes sino hubiera súbditos.

La Haine

http://www.asturbulla.org

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