4 gatos? más bien 12000

12.000 personas se manifiestan a favor de los presos políticos vascos.

Las
calles de Donostia se llenaron para exigir el respeto a sus derechos y
alertar de que este año van a reclamar compromisos basados en hechos y
no en palabras.
Gara|
13-9-2009 a las 14:44 | 518 lecturas


Un
compromiso que se evidencie en la práctica. Eso es lo que Etxerat
reclamó ante los cerca de 12.000 ciudadanos unidos en la manifestación
que recorrió Donostia en favor del respeto a los derechos de los
presos. Los allegados de los represaliados vascos abogaron por
«estrechar lazos y aglutinar fuerzas y compromisos» para que se refleje
que la mayoría social, política y sindical de este país demanda que
cesen las vulneraciones en las cárceles y las calles.

Después de
que en este curso se hayan cumplido dos largas décadas desde que se
diseñara la dispersión de los presos políticos vascos, los integrantes
de Etxerat se preguntaron «cómo no existe una respuesta unitaria que
ponga freno a esta realidad», y con el fin de encontrar la respuesta
anticiparon que llevarán a cabo una reflexión.

Ese será el
quehacer que ocupará a Etxerat durante las próximas semanas. Desde el
Boulevard donostiarra se encargó de adelantarlo Manu Errazkin, padre de
Oihane Errazkin, presa política donostiarra fallecida en la cárcel
parisina de Fleury-Merogis. Detalló que los allegados irán «puerta a
puerta» en busca de esos compromisos, interpelando a agentes políticos
y sindicales. Entienden además que ésta es la mejor respuesta frente al
intento de Madrid y Gasteiz de «infundir el miedo». «No contentos con
meternos cada fin de semana en el `corredor de la muerte’ que supone la
dispersión, buscan acallar ahora la solidaridad», denunció tajante.

Errazkin
lamentó el intento de «borrar» de las calles la denuncia de la política
penitenciaria emprendido por el Departamento de Rodolfo Ares y con-
tinuado por el de Javier Caballe- ro en Nafarroa, y recordó que para
ello han «hecho uso de la violencia. Dentro y fuera de las cárceles han
empleado la violencia», denunció. Como muestra de ello recordó lo
ocurrido con el prisionero donostiarra Asier Arzallus esta misma
semana, en la que ha denunciado malos tratos en el transcurso de un
traslado.

Etxerat resaltó la situación crítica que padecen sus
seres queridos encarcelados e hizo especial hincapié en aquellos que
aun habiendo cumplido su condena o encontrándose gravemente enfermos
continúan en prisión, lejos de sus hogares. «¿Es que esto no es una
condena de muerte?», preguntó Errazkin.

Pese a todo, aseguró con
contundencia que la presencia de los presos vascos no va a desaparecer
de las calles de «ninguna manera». Los miles de manifestantes que
escuchaban en silencio su alocución saludaron esta afirmación con
gritos y una ovación cerrada.

La emoción general fue patente en
todo el recorrido de la manifestación, pero más aún a la altura del
Boulevard, donde los sones de trikitixas acompañaron a canciones tan
sentidas como «Zai dago ama» o «Lepoan hartu ta segi aurrera».

Hora
y media antes, nada más extender la pancarta en la que se exigía la
repatriación de los presos políticos vascos y el reconocimiento de sus
derechos, el silencio se quebró pronto. Irrintzis y aplausos
acompañaron toda la marcha, provocando en algunos momentos un estruendo
ensordecedor. A su llegada no eran pocos los que afirmaban que les
dolían las manos de tanto aplauso.

Santos Sagardui, que cuenta
con el triste honor de ser el padre del preso que más tiempo lleva en
prisión, Joxe Mari Sagardui, Gatza, era uno de los que portaba la
pancarta. Junto a él caminaba Jose Campos, compañera de Bautista
Barandalla, preso gravemente enfermo que ha sido recientemente
excarcelado, y Mattin Troitiño, hijo y hermano de presos políticos.
Todos ellos, así como las decenas de familiares que se agolpaban en la
cabecera de la manifestación, vestían los emblemá- ticos pañuelos
blancos anudados al cuello.

De todas las edades

Tras
dejar atrás el túnel del Antiguo, las primeras filas de la marcha
avanzaron entre ovaciones. La marcha había partido puntual, y eran
muchos los que llegaban tarde y optaron por esperarla a medio
recorrido. Todo el Paseo de la Concha estaba repleto de personas que
esperaban ansiosas, e incluso había quien aguardaba a la altura del
Buen Pastor. El hecho de que la marcha de ayer no estuviera bajo la
amenaza de la Ertzaintza provocó una imagen inusual a la acostumbrada
este verano. Decenas de niños participaron también en la cita
acompañando a sus familiares desde la silleta o a la espalda de la ama
y amonas y aitonas que no se quisieron perder esta cita de ningún modo.
Había incluso un hombre que recorrió la larga marcha ayudado por un
taca-taca. Fue una muestra más de que, como resumió Etxerat al final,
«la llama de solidaridad sigue encendida».

Los organizadores no
ocultaban su satisfacción por el grado de participación en esta
manifestación, de largo la más numerosa de los últimos meses. En
Donostia se hacía difícil recordar una movilización más nutrida, y
algunos se remontaban incluso hasta la que abarrotó el Paseo de la
Concha tras el cierre de “Egunkaria” en 2002.

Sin porras y
peloteros a la vista, los manifestantes no tenían prisa alguna y
parecían querer disfrutar cada momento. A las puertas de la calle San
Martín, la cabecera de la marcha optó por tomarselo con tranquilidad y
se paró en seco, irritando a los ertzainas que abrían la marcha en sus
ocho furgonetas.

Poco después de las 19.00 la cabeza de la
manifestación llegaba al Boulevard, donde fue recibida por los sones de
la trikitrixa. Emocionados, e incluso saltando y bailando en muchos
casos, los miles de manifestantes que reclamaron el respeto a los
derechos de los presos fueron ocupando los alrededores del kiosko antes
de que Manu Errazkin cerrara el acto.

12.000

personas
participaron en la movilización según el habitual método de recuento de
GARA, realizado en la confluencia entre el Paseo de la Concha y la
calle San Martin. Durante 36 minutos, pasaron por allí una media de 330
personas por minuto, lo que da un cómputo de cerca de 12.000
manifestantes. La marcha tardó una hora y media en recorrer el
trayecto. Cuando la cabecera llegaba al Boulevard, la cola seguía aún
sin entrar al Paseo de los Fueros.

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