puaj!

La decisión del Tribunal Constitucional de no aceptar los recursos presentados por D3M y Askatasuna a nadie sorprende, pues todo estaba ya cocinado y el plato a servir en la mesa, era el pucherazo. Las ilegalizaciones de candidaturas, o de partidos políticos no sometidos ni sujetos a compadreos, se argumentan utilizando la ausencia de condena de los atentados de ETA. No condenar, e ahí la panacea, pero es una panacea que no se sostiene ni con la ley en la mano. Y no lo digo yo, sino Javier Pérez Royo, Catedrático de Derecho Constitucional (poco sospechoso de abertzale) que lo recogió en un artículo, titulado “El derecho de Batasuna a no condenar” publicado en el diario El País, en agosto de 2002, del que nadie quiere oír hablar.

En cuanto a los que no se dejan domesticar, se les atiza un estacazo en forma de arrestos o torturas, y aquí paz y allá gloria. Ese es el panorama que emponzoñará la próxima cita electoral del País Vasco. Incluso el tolerante presidente Rodríguez Zapatero, se jacta de haber detenido 365 personas en dos años, un etarra (todo es ETA) cada dos días, desde principios de 2007. Curioso, si todos los detenidos fueran de ETA, ésta debería contar con un increíble número de miembros, justo lo contrario de lo que nos dicen. La realidad es que el número de arrestados y encarcelados, reflejan la existencia de un conflicto que el régimen de Madrid no desea solucionar porque el franquismo, y su sagrada unidad de la Patria, imprimen carácter.

Pucherazo y estacazo, de tal guisa pretenden resolver el problema, mientras el resto de formaciones políticas ignoran la vulneración de los derechos civiles de una parte importante del pueblo vasco que aspira a la independencia y la construcción de un sistema socialista. Así es esta España, la que huele a rancio, a fascismo e imperios trasnochados, la que exige a Venezuela en la persona del eurodiputado del PP, Luis Herrero (aunque Zapatero hará lo mismo cuando se lo ordenen), elecciones limpias de manipulación. Hay que tener poca vergüenza para tildar al vecino de sucio, teniendo el solar propio, lleno de mierda.

 Cuatro gatos… bueno, quien dice 4 dice cuatro mil

 

En esta foto, se puede observar los feroces vascos exhibiendo sus peligrosísimas armas: la palabra.

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